Mostrando entradas con la etiqueta politica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta politica. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de junio de 2021

Ciudadanía okupada

Me siento expropiado de mi condición de ciudadano y pido el amparo a quien corresponda para que me la devuelvan. 

En la vorágine de ruido y más ruido generado en torno a los indultos a los presos tras el procés, los contrarios a la medida de gracia se han convertido en okupas del concepto de español o española y su cruzada demagógica se ha apropiado de mi yo español, de mi yo aragonés e, incluso de mi yo bilbilitano.


Resulta que convocan una, al parecer, minifestación en la madrileña plaza de Colón en la que, a decir de los convocantes están los españoles de bien. Entonces yo, que ni estaba en la convocatoria ni me siento concernido por su objetivo ¿qué soy?, según su ultranacionalismo excluyente o no soy español o soy español de mal. Por no pensar como ellos, o me acaban de cancelar el DNI o dudan de la bonhomía a la que moralmente aspiro.

Los mismos, se van hoy al Congreso de los Diputados a reiterarle a mi yo ciudadano la misma idea: oiga usted, señor yo ciudadano de José Ramón Olalla, le comunicamos que ha sido desposeído de su condición de ciudadano español porque el sentir de los ciudadanos españoles lo representamos nosotros, la derecha ultamontana llámese como se llame, y usted no opina como nosotros.

No contentos con eso, se vienen a Aragón y como si no tuviéramos otros problemas aragoneses de los que ocuparnos, me dicen que no soy aragonés, porque los aragoneses (no el PP aragonés, el ciudadanos aragonés, el PAR aragonés o el VOX aragonés -si es que esa alucinación puede existir siquiera en el imaginario que produce monstruos-) estamos contra los indultos. Y mi yo ciudadano, que es aragonés, me dice que los demagogos de lo suyo y usurpadores de lo ajeno, me han birlado mi condición regional porque mi opción no es la suya.

Ayer mismo, un concejal bilbilitano, justificaba la moción aprobada por los mismos partidos en el Ayuntamiento de Calatayud en contra de los indultos, diciendo que la ciudadanía bilbilitana está en esa oposición y afirma que lo sabe de buena tinta porque ha hablado con ella. Me pregunto dónde estaría yo ese día, porque a mí no me ha consultado. O a lo peor es que perdí mi condición de bilbilitano desde que uno de sus ilustres predecesores se permitió dudar de mi capacidad de opinar y participar porque no llevo "sangre bilbilitana en las venas" y alguno de sus déspotas seguidores se dedicó a enviarme amenazas que no solo incluían mi integridad sino la de mi familia.

Mala manera, la exclusión, de gobernar o de aspirar a hacerlo.

Para que conste: soy español, aragonés y bilbilitano con sangre (villafranquera en las venas, aclaro), estoy a favor de los indultos y creo que otra España y otro mundo son posibles si dialogamos. Al fin y al cabo, la mayoría de las banderas las fabrican en China.

domingo, 5 de enero de 2020

Presiones ¿democráticas y constitucionales?

Mientras en esa especie de gallinero en la que hoolligans electos están convirtiendo el Parlamento español se dirime la investidura o no de Pedro Sánchez, los diputados y diputadas partidarios del sí al supuestamente futuro o de la abstención que la facilitaría, reciben presiones, supuestamente de esos que reclaman democracia y Constitución porque, según ellos, dialogar y llegar a acuerdos no es ni democrático ni constitucional.

Ayer me desayuné con el asombroso anuncio de un boicot a Teruel por la postura de Teruel Existe en ese acto de investidura. Menos mal que la reacción del personal (turolenses en particular o aragoneses en general, vecinos valencianos o de otras comunidades del territorio patrio, especialmente de esos territorios vaciados) no se hizo esperar y Teruel se puso, por una vez, en el mapa de las redes sociales y los trendig topic y el boicot se ha saldado, de momento, con un aplastante apoyo a la provincia y a sus encantos. Al hilo de esto escribía ayer en mis redes que:

¡Hay que joderse! antes de #BoicotTeruel Yo pensaba que los españoles muy españoles y mucho españoles iban contra los españoles poco españoles y nada españoles y ahora resulta que van contra los otros españoles, muy españoles y mucho españoles que no son españoles, muy españoles y mucho españoles como quieren ellos.

De eso se trata, precisamente, para los supuestos demócratas patritoeros y pseudoconstitucionalistas: mi pensamiento es el frasco que alberga todas las esencias y tú eres una mierda si no piensas como yo.

La investidura no va a estar exenta de sorpresas y el recuerdo del Tamayazo resuena en mi memoria como si fuera hoy: entonces dos diputados madrileños del PSOE se vendieron a los intereses económicos e inmobiliarios y permitieron la investidura de Esperanza Aguirre (es curioso que siempre sean los mismos protagonistas); ayer Ana Oramas anunció el cambio en el sentido de su voto de una forma sospechosamente inesperada y contra la decisión de Coalición Canaria a quien representa (algún día se sabrá la razón del cambio de esta mujer). Desde el inicio del pleno, han numerosos parlamentarios y parlamentarias han denunciado presiones similares a lo ocurrido con  el boicot a Teruel. Así, y sólo por poner un ejemplo, a la socialista Beatriz Corredor, la llamaron puta por apoyar la investidura.


Otros muchos han sido tachados de traidores, como le ha pasado al diputado de Teruel Existe, Tomás Guitarte quien, además de soportar el odio de Santiago Abascal, se ha encontrado con que los muros de Cutanda y Navarrete, su pueblo, han aparecido con pintadas en las que se le acusa de traidor y separatista.



La democracia es diálogo y la Constitución es la semántica de ese diálogo, a partir de ahí, la legitimidad la dan las urnas y cualquier consenso nacido de las elecciones está legitimado por la representatividad. Me asquean los salvapatrias que se ponen la piel de cordero democrática para salvar el trasero con el que se cagan en la democracia y la Costitución.

miércoles, 1 de enero de 2020

Las banderas del siglo XXI

Empezaré el año con mala leche, que se me da muy bien: hace días que se me viene a la memoria un acontecimiento protagonizado por Jorge Azcón, actual alcalde de Zaragoza (la ciudad donde nací) creo que por la gracia de Dios, porque otro mérito no se le conoce. Miento, para ponerme a su altura, sí se le conoce uno: ser embustero y mucho. Resulta que se juntaron en el pabellón Siglo XXI de Zaragoza gentes de diversa procedencia (de izquierdas, aclaro, que los otros no se juntan para esas cosas), para hablar sobre los derechos a decidir y todo eso, y se juntaron allí. El entonces líder (o lo que fuera) de la oposición, Jorge Azcón, empezó a malmeter (malmentir, diría yo) en las rede sociales diciendo que habían quitado las banderas del pabellón que albergaba el encuentro porque había personal independentista que no se sentía bien con la bandera española en la puerta del evento. Y, al hilo de sus embustes, allá que se fueron los mejores de cada casa, patriotillas ellos a reclamar la reposición de las enseñas y, por ende, a espetar sus proclamas franquistas, que no patrióticas; al final, los allí reunidos tuvieron que salir bajo protección policial sin que, dicho sea de paso, la policía identificara a ninguno de los energúmenos convocados, ni siquiera cuando Violeta Barba (ojo, la segunda máxima autoridad de Aragón, como presidenta de las Cortes) recibió un botellazo; en realidad, los únicos identificados fueron los acosados, a los que un juez llamó a declarar. Al engaño contribuyó esa especie de hoja parroquial reaccionaria que tenemos por periódico dominante en la región y que se llama Heraldo de Aragón (hay una revisión llamada errado de Aragón que le cuadra más por aquello de contrastar las informaciones), cuyas páginas se ocuparon de llamar al orden de manera tan interesada como mendaz.



Con el paso del tiempo (concretamente desde el 26 de mayo, fecha en la que Azcón con esta y otras trolas se hizo con la alcaldía zaragozana) he comprobado que jamás, y digo jamás, están izadas las banderas en los mástiles del edificio, como se ocupó de aclarar el, entonces, alcalde Santisteve (el mismo que dilapidó su renta electoral con tontadas varias), y mira que paso veces cuando salgo de Zaragoza, con lo que compruebo que el actual alcalde Azcón, el mismo que hurta derechos sociales a los desfavorecidos para poner bombillas de navidad, está en la alcaldía gracias a esos votos amantes de la mentira que quieren creerse. Y mientras, el titular de "el diario.es" decía una dolorosa verdad: "la democracia rodeada en el Siglo XXI", Así estamos, en una democracia rodeada y lo cuento porque todavía tengo memoria.

viernes, 8 de febrero de 2019

Mediar


No deja de asombrarme, y eso que estoy curado de espanto, la capacidad que tenemos los humanos en general y los españoles (en particular y en este caso) para dejarnos llevar, consciente o inocentemente, por el río de la manipulación.
Menuda se ha montado con lo del mediador, relator, convidado o convidada de piedra o como quiera el demonio que se le acabe llamando si es que la cosa no acaba en uno de esos abortos de los que abomina Pablo Casado.
Soy maestro con 35 años a mis espaldas, 56 años de escuela, que se dice pronto. Y en ese tiempo he aprendido que la mediación es la única solución posible, positivamente hablando, en la resolución de conflictos. En educación, mediamos los profes, media el alumnado, hay que mediar con familias, con alumnado, con docentes, con administración, con concejos y con cualquier combinación de esos n elementos tomados de n en n y, las más de las veces, el proceso soluciona los conflictos a corto o, en  casos complejos, a medio plazo. Y, en caso de fracaso, el proceso acaba siendo tan enriquecedoramente rico (como agotador) que siempre queda un aprendizaje, una vía sin cerrar del todo o, si el fracaso es estrepitosamente palmario, el recurso a otras vías tan poco empáticas como resolutivas (y generadoras de nuevos conflictos, dicho sea de paso, que la ocasión lo requiere).
Sigo siendo sindicalista, ahora más de a pie. Pero algún convenio local o alguna reivindicación profesional me ha tocado negociar. Y la clave está en la palabra, porque sin voluntad de conciliar no hay acuerdo perdurable, posible, sí, pero no perdurable.
He sido político, de pequeñas cosas, eso sí, y he comprobado que sin mediación, las organizaciones se deshacen por esa propiedad física que tienen las partículas de izquierda de chocar entre ellas y que se conoce por el nombre científico de disociación ideológica degenerativa.
Conozco hasta diez parejas que han roto su relación amistosamente porque han contado con la mediación de un letrado común que ha hecho de puente en la ruptura y muchas más que se han dejado media vida y el patrimonio en pelitear por un quítame allí esa mamandurria que diría la otra (léase Esperanza o la cólera de dios, así, en pequeñito, porque así es el dios de los liberales).
Se media en asuntos de lindes (para eso estaban los jueces de paz), de herencias, de amistades y hasta de riegos. Se medió con ETA, con los militares golpistas, con la legalización del PCE, con el otro rey para que se fuera al pedo y hasta con la rendición de Granada.
Existen espacios de conciliación donde esas ex-familias de imposible entendimiento intercambian hijos y hasta los padres de la iglesia se reúnen para saldar sus cuentas pendientes con lo divino o lo humano bajo la mediación del Espíritu Santo, esa tercera persona, no sé si del singular o del plural que, a la vista de los acontecimientos, pasa de iluminar a nadie.
Hasta el Papa Francisco se ofrece como mediador (si las dos partes lo quieren), que lo dice el ABC, esta vez sin cuestionarlo porque el Papa es inefable.
No me cansaré de decir que no pertenezco a  la fan zone de Pedro Sánchez en mi ascensor ni al club de las ministras diabéticas aceleradas, tampoco a los poetas muertos/ ministros sobrevalorados; ni me representan los demás iluminados de la izquierda ególatra y salvadora y mucho menos los esperpentos de la derecha neopatriótica y arribista, al mismo nivel que los nacionalistos de cualquier senyera. Pero no dejo de reconocer que la mediación es la mejor manera de solventar los conflictos y que otro gallo nos cantaría si habláramos más y gritáramos menos.

sábado, 7 de abril de 2018

martes, 3 de abril de 2018

La cabra, la procesión y el fundador.

Ver a cuatro ministros cantando el himno de la legión en la procesión del Cristo de la buena muerte me dio grima: clero, gobierno y ejército son una combinación que transporta a aquellos tiempos en los que los obispos fascistas bendecían a un Franco bajo palio.



Para dar ejemplo a los escolares que tendrán que aprender estas bonitas canciones en próximos cursos, Méndez de Vigo, Catalá y Zoido, amén de Cospedal, entonaron aquello de que son los novios de la muerte durante la citada procesión mientras los legionarios desfilaban y portaban al Cristo (el mismo que dijo: Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado -Juan 15:12-13-). a brazo alzado y con escolta de armas, como corresponde a este estado aconfesional y pasado de rosca.

Dándole una vuelta al asunto, mi grima se convierte en un reír por no llorar al percatarme de que de todos los colectivos intervinientes: ministros, clero, ejército e, incluso, asistentes al espectáculo (si les movía la fe cristiana y no el sentido del espectáculo), la única coherente era la cabra.

En este estado de cosas, el 1 de abril toca que la fundación dictador Francisco Franco, haga apología del genocidio franquista y no pasa nada; mientras en Alemania, la susodicha organización fascista está bloqueada en las redes sociales. Aquí se juzga y se condena a cualquier gilipollas que publica una gilipollez en su red social, o a cualquier otro que, con peor baba pide la vuelta a tiempos de violencia extrema, o se censuran revistas satíricas por orden judicial, o por la misma vía se secuestran libros de investigación periodística sobre narcos... En este mismo país, digo, se permite y se subvenciona que una organización fascista loe el genocidio y al genocida. Esto sí que es para llorar y para rebelarse.

Y también es para llorar y, sobre todo, para rebelarse que el ministerio de defensa (el mismo que mangonea ese novio de la muerte llamado María Dolores de Cospedal) aparezca como patrocinador de un acto en honor a Millán Astray, en cuyo cartel aparece el novio de la muerte por antonomasia haciendo el saludo fascista.


De todos los personajes citados, me sigo quedando con la cabra, me identifico más con ella.


sábado, 30 de diciembre de 2017

Lo mejor para 2016

Habrá quien disculpará al Pte por despistado, torpe o estúpido, sus sobradas razones tendrán, pero mi idea es que no, que esta vez no ha mediado despiste ni siquiera torpeza o estupidez ni tampoco le ha traicionado el subconsciente; no, ha sido aposta. A 30 de diciembre de 2017 desear lo mejor para 2016 es patentizar más que el inmovilismo del percebe al que se refería Rosa María Artal en su "salmones contra percebes", la marcha atrás del cangrejo en esta democracia fingida que involuciona con paso firme hacia el absurdo absoluto.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

En el día de la constitución inmaculada


La constitución española, así de "en minúsculas" la hemos dejado, cumple hoy 39 años en un momento difícil de su vida, cuando hemos pasado de incumplirla en su literalidad a tirárnosla los unos a los otros a la cabeza, como si Goya hubiese sustituido los palos de su duelo a garrotazos por esos tomos enormes sobre los que juran o prometen, por imperativo legal o no, su texto los cargos públicos electos.

Dicen en el telediario y otros medios más o menos parciales que es la norma que nos hemos dado todos los españoles y añaden que fue votada mayoritariamente; incluso, a veces eliden el pretérito para mayor abundamiento. Pues no, esa frase tantas veces repetida, es una falacia. Tengo 57 años y yo no voté la constitución en el 1978 porque no tenía edad para votar; porque la constitución se votó en virtud de una ley franquista que establecía la mayoría de edad a los 21 años.

Las matemáticas del referéndum (sí, referéndum, que alguno ha habido en la democracia española) son claras: ninguno de los actuales españoles menores de 60 años votamos la constitución. O lo que es lo mismo: el 77,3% de los españoles actuales no tuvimos la oportunidad de hacerla nuestra. Así pues, pese a su relativa juventud de 39 años, se trata de un texto legal, como poco, prejubilado si no ya jubilado completamente. Y como a todos los jubilados, se le reconocen y agradecen los servicios prestados, que son muchos, pero su puesto se reemplaza.

El caprichoso calendario de la historia ha querido juntar en un mismo puente festivo la conmemoración del aniversario de la constitución española y la festividad religiosa de la Inmaculada, en uno de estos alardes laico-religiosos que tenemos en este país; así ha conformado el puente de la inmaculada constitución o de la constitución inmaculada, que lo mismo da; un puente que se viene haciendo demasiado largo en su purísimo concepto.

Quienes piensen que la rimbombantemente  bautizada como "norma general del estado" está muy bien así, paralizada en su limbo, pueden leerla y comprobar, supongo, horrorizados, que no contempla el derecho a la sanidad universal, por ejemplo. Los ciudadanos que la conocemos, contemplamos no con menos enfado, que se incumple sistemáticamente en materia de trabajo y remuneración suficiente, igualdad, vivienda digna, justicia social o que se interpreta interesadamente en otras materias como la educación, para favorecer a los centros privados, por ejemplo.

La jefatura del estado, la sanidad, la federalización del territorio, la supresión de desigualdades fiscales, la laicidad, la consulta ciudadana, la supeditación al principio de estabilidad presupuestaria en vez de al de estabilidad social, el desarrollo del derecho al trabajo o a la vivienda, la supresión del aforamiento, el principio de una persona un voto, la supresión de la pena de muerte sea cual fuere el tiempo (de paz o de guerra), la equidad y la igualdad, el cuidado del medio ambiente, la atención a la dependencia, la prohibición de las anmistías fiscales... Le queda mucha faena a esta constitución, demasiada para su mentalidad de prejubilada y su pertenencia a las clases pasivas de prejubilados o jubilados (dicho sea con todo el cariño, que ya me queda poco) para que me salga escribir con mayúsculas aquello de Constitución Española.

martes, 3 de octubre de 2017

Izad las banderas


Tender banderas en los balcones es un acto de identificación con un símbolo que pretende representar a una nación, a un pueblo, a una patria, por utilizar términos muy manidos estos días. Reconozco que soy muy poco de banderas (salvo, tal vez, la blanca), pero mucho de respetos, por eso, diré que respeto a quien cuelga su bandera en el balcón, sea rojigualda, cuatribarrada, estelada, de Aragón o de cualquier otra comunidad, aunque sea un invento de hace unos años y aunque el invento sea (como por ejemplo la de Madrid) de un poeta ácrata y natural de Baracaldo que pretendió poner en una tela la Osa Mayor, lo que dice mucho de las banderas, de su simbología y de su origen, en ocasiones, mestizo.

Eso sí, mi respeto a las banderas, que no es más que el respeto a las personas que las utilizan, tiene dos límites:
  1. El primero es fruto de la proliferación de banderas españolas y catalanas o esteladas en los balcones de los territorios representados y nace también de mi espíritu observador y socarrón, que hay que sumar sentido del humor al sentimiento patrio. Lo resumo en un concepto simple: la patria también se plancha. Y es que he visto tendidas, al natural o en fotos, banderas cuadriculadas de pliegues o arrugadas de armario y he pensado en un sentimiento patriótico más de cara a la galería callejera que al amor verdadero, al cuidado familiar que impediría al hijo salir a la calle con la camisa sin planchar y que es el cariño que, de verdad, necesita la nación, que está por encima de los desfiles, manifestaciones, juras, idolatrías y grandes declaraciones. Es aquel viejo y profundo cariño que hizo que a Unamuno (que era español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo) le doliera, como a mí, España.
  2. El segundo límite a mi respeto está en lo que la bandera, la que sea (española o catalana, por simplificar en este caso), esconde detrás. Compruebo tristemente que hay banderas que esconden actitudes, conceptos, hechos, resquemores y hasta odios que ni comparto ni acepto, y a esos a quienes dirijo mi desconsideración:
    • En general, las banderas que se utilizan en contra de los otros, que tienen bando contrario, que portan los que jalean "a por ellos" y creen representar los que se han creído ese "a por ellos" y han obrado en consecuencia. Esos no me representan.
    • Los aprovechados del sentimiento colectivo para colar el propio, enseñando banderas con águilas, yugos y flechas al ritmo de caralsol.
    • Los que utilizan las banderas para esconder la mentira y, en este caso, todos mienten y arrastran a los demás tras su mentira (recuerden que en las guerras no mueren los generales):
      Miente el Gobierno y los gobiernos anteriores, que han pactado con los nacionalistas cuando les ha interesado y han alimentado, con su empeño codicioso en no reformar la ley electoral para hacerla más justa y equitativa y, también, con sus acuerdos bajo o sobre cuerda, al nacionalismo que hoy rechazan.
      Miente el nacionalismo catalán cuando dice que España les roba, pese a que el ex-ministro Borrell ha demostrado lo contrario en un libro que nadie que no esté interesado en desmontar la mentira ha leído. Tristemente, las ratas a la sombra del estado nos han robado a todos, hasta a los que alardean de bandera.
      Miente el partido en el gobierno español al convencer a miles de españoles firmantes (e iletrados, añado) contra un abortado estatuto catalán cuyo articulado poscrito por el Tribunal Constitucional está recogido en estatutos entonces aprobados por el PSOE andaluz o por el PP valenciano, sólo por poner dos ejemplos gobernantes en el mismo momento histórico.
      Miente el Gobierno catalán y sus intelectuales cuando se inventan una historia con minúnsculas que no es una Historia con mayúsculas porque es manipulada para justificar sus postulados identitarios y una identidad inventada es una identidad falsa. (A José Luis Corral me remito por no irme mucho más lejos).
      Miente el Gobierno español cuando comparece enmascarando y justificando la violencia policial injustificable. Y miente doblemente porque ha conseguido un efecto multiplicador del independentismo con su actuación. Y miente triplemente porque, me temo, es el efecto que buscaba y es que, contra el independentismo se vive mejor.
      Miente el Gobierno catalán cuando considera válido un esperpento de consulta, independientemente de las circunstancias en las que se ha producido. Y miente doblemente porque ha provocado la intervención violenta del estado en una consulta que se pretendía no violente. Y miente triplemente porque, me temo, es el efecto que buscaba y es que, contra el españolismo se vive mejor.
      Mienten las televisiones públicas de España y Cataluña cuando informan de los acontecimientos.
      Mienten los pertenecientes a uno y otro bando cuando publican imágenes ensangrentadas y violentas de otros momentos en una impostura innecesaria, que bastante violencia y sangre hubo el domingo (y la habrá) y mienten cuando unos y otros abrazan a sus respectivas policías porque algunas de esas imágenes las han provocado las represiones policiales respectivas en otras ocasiones (mineros, 15M, mareas o cualquier otra manifestación popular).
      Mienten los partidos en el poder de las dos partes a las que el conflicto les sirve para tapar sus casos de corrupción y ganar rédito electoral a costa de los de siempre, los que se dejan llevar por la corriente engañados voluntaria o inocentemente.
Mienten, sí, y tras su bandera falaz arrastran a las masas, como siempre, hasta el precipicio.

Notas:


Para quien no tenga memoria, dejo esta foto  de Mariano Rajoy Brey, entonces ministro de Administraciones públicas con Aznar y artífice del pacto con los nacionalistas que permitió el apoyo al presidente. Era 1996 y está tomada en Planolas (Girona).

Para quien se ampara en la Constitución vigente les recuerdo que ninguno de los españoles y españolas menores de 59/60 años pudimos votarla en su momento, porque no éramos mayores de edad (21 años se requerían) o no habíamos nacido y eso supone 35 millones y medio de personas a las que ampara, pero no representa una constitución extemporánea, anacrónica y acartonada.

Para quien no se haya dado cuenta (he visto banderas tapando algunas ventanas), acaba de subir el paro (también en Cataluña); no se han recuperado los recortes contra el estado del bienestar (tampoco en Cataluña) y la pobreza sigue patente en España (y Cataluña) lo mismo que la desigualdad; se va a dejar mermado, por ejemplo, el centro nacional de investigación contra el cáncer; el expresidente de Murcia ha tenido que dejar sus cargos públicos acosado por la corrupción, un proceso de suma y sigue y que afecta, fundamentalmente, al partido en el gobierno español y al partido en el gobern catalán; no devuelven los bienes de la francha...

La vida sigue y es esa vida la que tienen que defender las banderas, porque la patria no es un concepto abstracto sino cada una de las personas que la constituyen.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Una pizca de cordura, si us plau


¿Hay vestigios de vida inteligente en la política española/catalana; siquiera una miaja de cordura?

Si es el indicio de delito el motor de las detenciones en Catalunya, caiga sobre los detenidos todo el peso de la Ley.
Si el motor es la política, caiga sobre el juzgado ordenante todo el peso de la Ley.

Me agobia una sensación de falta de libertad de expresión, de manifestación y de pensamiento.
Creo que se están conculcando derechos fundamentales de catalanes por el sí, por el no y por la indiferencia. Y siento que atentando contra sus derechos, atentan contra los míos.

Y ahora voy a poner el canal cocina, que en mi mesa conviven por igual el cocido madrileño y la escudella catalana

martes, 28 de junio de 2016

Elecciones y tal


Hoy ha tocado jornada de reflexión, y es que la jornada de reflexión tendría que ser el día posterior a las elecciones y no el anterior; un lunes en el rincón de pensar para darle una vuelta al asunto y sacar conclusiones.

A. Los ganadores.
A ver si nos enteramos, el censo electoral es de 36.518.100, de los que:

  1. Se ha abstenido el 30,16%, más de 10,3 millones de españoles.
  2. El PP ha obtenido 7,9 millones de votos.
  3. Primera conclusión: ha ganado la abstención por 2,4 millones de votos.
B. Los hechos
Somos seres olvidadizos: cuando el fracaso de unas negociaciones con voluntad de fracaso obligó a la convocatoria de nuevas elecciones escribí en un post que "Tenemos que votar a unos incapaces que han demostrado ser unos incapaces" y advertí que la nueva convocatoria electoral supondría: el crecimiento del PP que recuperaría el voto prestado a ciudadanos, el mantenimiento del PSOE que no perdería a los más fieles ni tampoco recuperaría a los desencantados y la abstención de esos desencantados doblemente desencantados que prestaron su voto a la izquierda.

Las encuestas son traicioneras y hasta intencionadas y sirven para nublar el entendimiento de los ególatras que las veneran como a sí mismos. Mi vaticinio fue tachado de mal agüero por los incautos que creen en lo que quieren creer en vez de creer en lo que ven.

Esa ceguera persistente ha puesto en boca de los líderes de la izquierda una incomprensión del resultado a día de hoy que refuerza su incompetencia y muchos amigos y conocidos llegan al extremo de decir que la gente se equivoca al votar. Y no es cierto, nadie se equivoca al votar. Cada uno vota lo que quiere, condicionado por su miedo, por su rabia o por sus ideas, o vota con alegría y sin condicionamientos, o no vota.

C. Los perdedores
Quien se equivoca no es la gente sino los políticos profesionales que pretenden interpretar unas voluntades que les son ajenas, que se representan a sí mismos y a sus siglas y las disfrazan de una voluntad popular que no puede ser ni representada ni interpretada.

En el caso de la izquierda, han bastado tres intervenciones parlamentarias de Pablo Iglesias, unas cuantas líneas rojas mal trazadas y una apariencia mezcla de dogmatismo barato y soberbia mal disimulada para que más de un millón de votantes se quedaran en casa y otros cientos de miles votáramos como los monos de Gibraltar (con la boca, los oídos o los ojos tapados) lo mismo que otros muchos cientos de miles han vuelto al redil popular con los dedos tapando sus narices.

Sí, yo también estoy decepcionado, cabreado y triste, no porque no haya ganado la coalición a la que voté ni porque haya vencido la abstención seguida de lejos del PP, sino porque perdemos todos y lo hemos decidido así entre todos.

Preveo una legislatura corta y, después, a ver si somos capaces de explicarnos mejor, y es que, como escribí ayer, "estábamos tan ocupados en la estupidez ajena que nos hemos olvidado de la propia. Otro reto pendiente para la izquierda".

viernes, 13 de noviembre de 2015

España nos roba


Espanya me roba, España también (más de una baldosa de Génova, algún bidé de Toledo y las bujías de un Jaguar llevan mi nombre y número de IRPF).