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sábado, 10 de enero de 2015

Inspirarte: Curriculum vital

Un día, una artista reconocida, me afeó que en vez de mandarle un curriculum vitae le enviara un currículum vital para una exposición. El evento era para los árabes y se editó un libro-catálogo, artistas por la paz se llamaba, todo eso que, después, queda en una moñada... Allí estuve con una foto de Belchite que titulé "nunca mais" porque, como ahora, eran tiempos de chapapote.


Ella, la artista organizadora, no lo entendió, yo tampoco la entendí a ella, pero me siguen gustando más los currriculos vitales que los curriculum vitae, y esta otra foto, más que la de arriba, forma parte del mío.


Sí, la foto y estas otras fotos, y el proceso vivido para editar el libro Inspirarte, con poemas de Mariano Ramos e ilustraciones de José Antonio, JJ, José Luis, Manuel y Yolanda.



lunes, 3 de noviembre de 2014

Con la mano limpia, con el puño en alto.


Un momento antes de entrar al recuerdo a José Antonio Rey del Corral leo en la prensa que los 20 españoles más ricos tienen tanto como los 14 millones de españoles más pobres. Lo que no dicen es que esos 20 españoles tan tan ricos lo son porque eso otros 14 millones están jodidos porque los joden los otros 20 individuos.
Algo habrá que hacer, admito propuestas, sobre todo de los gremios de carpinteros, cuchilleros (hacheros fundamentalmente), tornilleros, impresores (por las guillotinas) y actores (especialmente del espíritu de Pepe Isbert -o de Juan Echanove, que lo teatralizó-)
Me voy a la poesía de José Antonio que, seguro, me hará ir detrás de mis_sus_nuestras banderas, las de la justicia social.

Ya a la salida, con mis "Heterodoxias" en la mano, ese libro póstumo de José Antonio, salgo leyendo en el marcapáginas:

"Vota con la mano limpia,
vota con el puño en alto..."

A ver si va a ser eso.

martes, 1 de enero de 2013

Propositorio (o supositorio)

No soy de hacerme propositorios (o supositorios) para el año nuevo, aunque recuerdo, entrañado, las listas que te hacías en el cuaderno de tapas rojas (en la última página). Sin embargo, ya que no he podido quedarme en la cama hasta el 15 de abril, por lo menos, que era lo que me pedía el cuerpo, me voy a marcar una lista  (que lo es, aunque parezca tonta) de doce (o más) propósitos, aunque no necesariamente uno por mes.



  1. Dejar de fumar antes de marzo (con esto ya podía acabar la lista, pero me pondré facilitas las otras once).

    Seguir enamorado de Birabolas (no la numero porque no hay mes ni tiempo, a todas horas).
  2. No molestarme en bajar la cuesta de enero.
  3. Intentar que febrero se me haga largo.
  4. Impedir que me quiten el mes de abril y disfrutar de todos los meses de abril que me trajiste el año pasado.
  5. Hacer la REVOLUCIÓN de abril también en mayo y en los demás meses.
  6. Aprobarme todo en junio, dejándome algo para aprobarme otra vez en septiembre.
  7. Irme de vacaciones dos veces en julio, una a Francia, por aquello de respirar liberté, egalité et franternité (o como se grite).
  8. Volver a vivir, como siempre por última vez, San Roque en agosto.
  9. Comenzar el nuevo curso en septiembre como si tuviese otra vez 23 y fuese el primero de mi vida.
  10. Tener un rollo otoñal conmigo mismo en octubre.
  11. Encontrar flores para mi madre en noviembre.
  12. Repasar esta lista el 31 de diciembre y comprobar que, salvo dejar de fumar, lo he cumplido todo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

La guerra que no fue

Puede adquirirse en amazon.es
Ayer, festividad de los Santos Inocentes, tuve la dicha de asistir a la presentación de la novela la guerra que no fue, de mi amigo y vecino de infancia Javi Omeñaca (ahora también admirado novelista).

El tiempo y la vida nos lleva por caminos insospechados, nos separa (él en Inglaterra, yo en Calatayud -aunque él esté más lejos yo me fui antes-) y nos vuelve a juntar y nos regresa al pasado y al futuro -hacía años que no nos veíamos, pero nos encontramos ayer en el barrio bajo-.

No sería objetivo decir que la guerra que no fue me ha emocionado (ya dejé caer una lágrima o dos ayer en el acto y en el inte y me vinieron algunas más leyéndolo a saltos -en voz alta- por la noche y me han inundado hoy de cabo a rabo). No sería objetivo porque reconozco el caño de mis vecinos y la cochera y el granero y a Pablico (en mi lectura a saltos comencé por la página que lo describe y no tuve que pensar para reconocerlo) y sus yayos y a tantos y a mí mismo por la Villafranca de mi infancia. No sería objetivo porque reconozco el habla de mi pueblo, de la ribera, la que yo he hablado y que ya no hablo y que Javi, valiente, se ha encargado de escribir, superando esa vergüenza impuesta por paletos de ciudad que son tan cultamente ignorantes que ni si quiera saben hacer un colgarallo para que los melones lleguen hasta Navidad y tienen (tengo) que comprarlos en el super a precio de oro (igual se piensan que en diciembre hay melones)..

Sin embargo, si creo ser objetivo cuando digo que la guerra que no fue es una novela entrañable, emocionante y vital. Y creo serlo cuando escribo que Javi (lo de Francisco Javier será solo para la portada del libro) se ha demostrado un estupendo novelista que ha escrito esa sensibilidad que se adivinaba en un zagal de pelo rizado, la camisa por fuera y hecha un rugón, al que el cura se empeñaba en llamar Iscón. Para demostrarlo este poema de su (nuestro) desierto:

Mar verde de trigo en invierno,
llanura ondulada en las Planas.

Mar de mies en verano,
olas de amarillo
que danzan a ritmo de cierzo.

Mar de surcos en barbechos
con huebras salpicadas de islotes
de piedras, sabinillos y romeros.

Mar negro en cada atardecer
con lomas de sabinas y de pinos
en eterno vaivén modulando silencios.

Mar de algodón estrellado,
surcado por infinitos vuelos.

Mar de paz es Monegros,
mi desierto.

martes, 25 de diciembre de 2012

Ya lo siento


A la Navidad le ocurre lo mismo que al desagüe de mi fregadera:
que lo vomita todo.
Nada más recoger
y poner el último lavavajillas
y tender los manteles
y las servilletas
donde nos hemos limpiado nuestros brindis...
Nada más recoger,
cuando todo está listo
limpio la fregadera con lejía
y me vomita:
que mi padre falta desde hace un montón de años
y que le hice poco caso,
que Benito se nos fue detrás de su sonrisa
cuando supo que se le acababa el corazón
para seguir regalándolo,
que Laura fue tras él
harta de melancolía
y de darle igual seguir viviendo,
que Irene dejó la vida hace tiempo
aunque vino unas navidades más
sólo por acompañarnos
A la Navidad le ocurre lo mismo que al desagüe de mi fregadera:
que lo vomita todo.
Que cada día que pasa
me cuesta más (sobre) vivir.
Que cada día que pasa
me cuesta más querer (te).
Que cada día que pasa
me cuesta menos (es cierto) querer.
No sé si dejar de fregar los platos para siempre
o fregarlos todos los días
para que el desagüe de mi fregadera
siga vomitándome realidades
o bajarme al chino
y derrochar el salfumán por esa boca deslenguada y feroz.

Birabloas

Soy (somos) poetista, lo confieso (si esa palabra se permite, y se permitirá, que es bella); también diré que tenemos un grupo de poesía, que viene muy bien en días como éste. Se llama Birabolas y colgamos palabras, las tendemos (más bien), que las palabras no pueden quedar colgadas. Os dejo con el regalo que nos hemos venido haciendo en estos escasos tres meses y os invito a participar leyendo o tendiendo poemas como sábanas blancas.



martes, 30 de octubre de 2012

No te rindas

Piedad me ha traído esta mañana unos versos de Benedetti a través de Facebook (ojalá lo hubiera recordado la semana pasada) y los versos me han traído el poema entero que, desde luego, merece la pena ser leído y releído en este otoño caliente que anuncia un invierno frío y larguísimo, aunque solo sea para tener un horizonte al que llegaremos, sin duda.



No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.

Y también un recitado en vídeo, no es el mejor, pero vale para escucharlo:

domingo, 3 de junio de 2012

Que no tarde tanto

Me había propuesto volver a escribir sobre Bankia, pero no tengo fuerzas o, mejor, prefiero no amargarme la tarde del domingo y mañana será otro día. Por eso, me he ido a mis poetas de cabecera y me he inyectado a Oliverio Girondo en vena, siempre me reconoce y me escribe algo, hoy:




Tardará, tardará. 

Ya sé que todavía 
los émbolos, 
la usura, 
el sudor, 
las bobinas 
seguirán produciendo, 
al por mayor, 
en serie, 
iniquidad, 
ayuno, 
rencor, 
desesperanza; 
para que las lombrices con huecos portasenos, 
las vacas de embajada, 
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, 
se sacien de adulterios, 
de hastío, 
de diamantes, 
de caviar, 
de remedios. 

Ya sé que todavía pasarán muchos años 
para que estos crustáceos 
del asfalto 
y la mugre 
se limpien la cabeza, 
se alejen de la envidia, 
no idolatren la saña, 
no adoren la impostura, 
y abandonen su costra 
de opresión, 
de ceguera, 
de mezquindad. 
de bosta. 

Pero, quizás, un día, 
antes de que la tierra se canse de atraernos 
y brindarnos su seno, 
el cerebro les sirva para sentirse humanos, 
ser hombres, 
ser mujeres, 
-no cajas de caudales, 
ni perchas desoladas-, 
someter a las ruedas, 
impedir que nos maten, 
comprobar que la vida se arranca y despedaza 
los chalecos de fuerza de todos los sistemas; 
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas 
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. 

Y entonces... 
¡Ah!, ese día 
abriremos los brazos 
sin temer que el instinto nos muerda los garrones, 
ni recelar de todo, 
hasta de nuestra sombra; 
y seremos capaces de acercarnos al pasto, 
a la noche, 
a los ríos, 
sin rubor, 
mansamente, 
con las pupilas claras, 
con las manos tranquilas; 
y usaremos palabras sustanciosas, 
auténticas; 
no como esos vocablos erizados de inquina 
que babean las hienas al instarnos al odio, 
ni aquellos que se asfixian 
en estrofas de almíbar 
y fustigada clara de huevo corrompido; 
sino palabras simples, 
de arroyo, 
de raíces, 
que en vez de separarnos 
nos acerquen un poco; 
o mejor todavía 
guardaremos silencio 
para tomar el pulso a todo lo que existe 
y vivir el milagro de cuanto nos rodea, 
mientras alguien nos diga, 
con una voz de roble, 
lo que desde hace siglos 
esperamos en vano.