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sábado, 18 de febrero de 2017

Justicia

Andaba yo buscando una definición de Justicia en plan postmoderno, adaptada a estos tiempos en los que no sólo impera la postverdad sino y, sobre todo, la postración. Esta hora de la siesta, me ha dado para lo siguiente:

Justicia (Ver Justi & Cía): Concepto abstracto, por interpretable, que presume de que nos hace a todos inanes en un espasmo de derecho. Dicen que es ciega, como la gallinita. Yo lo dudo.
Justicia social: arcaísmo en desuso.
Ley (seca): garito zaragozano donde dan muy buenos conciertos;
Ley (a secas): Ver BOE y manual del perfecto protestante para la libre interpretación de los textos sagrados, publicado por los libros del pensaMIENTO. Del Latín Lex, un policía diferente.
Legislación: Corpus legal Vicente
Sentencia: En mi pueblo se dice "eres un sentencias" y la gente se ríe.

Aplicación práctica:

Tras enterarme de la sentencia en el caso Noos, sólo se me ocurre comentar que en nuestro "Espasmo" de derecho, los tribunales de "Justina" han aplicado la legislación "Vicente" a los "Prepucios" implicados.

domingo, 7 de junio de 2015

Legalidad y Justicia

Andan enzarzados por un quítame allá esas semánticas ideológicas el concejal electo de Zaragoza en Común (Pablo Híjar) y otras cabezas pensantes y mandantes de la capital como el juez decano de Zaragoza (Ángel Dolado), otros expertos en derecho (que no quiere decir expertos en Justicia) y los representantes (o representontos, incluso representintos) de los grupos políticos zaragozanos.

La cosa viene de unas declaraciones de Ada Colau en las que afirmaba: Si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen



Desde esta esquina, el concejal ha dicho que no defiende el principio de legalidad sino en el principio de la Justicia; desde la otra esquina el juez ha respondido que "el principio de legalidad es fundamental en un estado social, democrático y de derecho", a lo que José Bermejo, catedrático de derecho administrativo ha apostillado que lo dicho por Híjar es un escándalo porque "nadie está por encima de la Ley" y que la Justicia es un concepto filosófico muy chulo, pero diverso pues cada uno tiene el suyo (como si los jueces fueran infaliblemente unánimes al aplicar cualquier articulado legal a sus sentencias). Según leo en el Heraldo del sábado 6 de junio. También han terciado en la cuestión el letrado de las cortes y portavoces del PP, PSOE y CHA, posicionándose por la legalidad frente a la Justicia con sospechosa coincidencia.

La cuestión no es meramente semántica, sino, y fundamentalmente, ideológica, pues parte de una certeza que tiene el ciudadano Híjar (y yo mismo y espero que muchos otros) y que parece una carencia del juez Dolado, del catedrático Bermejo (que lo tacha de ignorante) y de los otros mandamases: la legalidad no es, necesariamente, justa.

La coincidencia entre tan dispares defensores de la ley (sea o no justa) me sugiere que, en realidad, los textos legales no están redactados para defender lo que es ecuánime, sino para mantener un statu quo en el que parecen sentirse tan a gusto los jueces que los interpretan, como los docentes que los enseñan o los políticos (de todo signo por lo visto) que los disfrutan. Los desahuciados, los futuros condenados por la ley mordaza, los damnificados por leyes educativas, fiscales, sociales... esos son/somos otro cantar.

Practicar la legalidad consiste en aplicar las leyes a rajatabla (o con la interpretación del juez mediante, penosa algunas veces) y condenar (a muerte, por ejemplo) al opositor al régimen legislador o, por no irme tan lejos, a una multa de hasta 30.000 € de multa por obstaculizar un desahucio.

De un juez que se decanta por la legalidad y no por la Justicia sólo puede esperarse que sea legal, no que sea justo. De un profesor de leyes que forma a los futuros jueces en esa concepción no se puede esperar más que una formación incongruente con el espíritu de las leyes. De unos políticos que opinan así sólo puede esperarse que legislen de forma arbitraria y, en el peor de los casos, despótica.

Y así nos va.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Desorden público

Leo en la edición del Heraldo en papel que "Los jueces que quejan de la vestimenta y la falta de aseo de los policías en los juicios" aunque la edición digital del diario ha suavizado el titular con este otro.


La circular en cuestión no tiene desperdicio y los aludidos por ella tendrían toda mi solidaria consideración más distinguida si ni fuera porque, a veces, sobre todo en ese raro fenómeno que se conoce como movilizaciones ciudadanas, me pasa como a los jueces: no consigo distinguir a las fuerzas del órden público de las fuerzas del desorden público: todos llevan la misma vestimenta y actitud, sin identificar ni ganas de identificarse, con la cara tapada, y portando objetos de golpe contundente, armas arrojadizas y una actitud rabiosamente anticonstitucional. 


Compañeros: ni traje, ni corbata, ni caña al mono ciudadano... Desodorante, eso sí, para los jueces y para las manis.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Escraches


La calle está que arde y los escraches se multiplican: la gente de STOP desahucios quiere decirles a los políticos, a la cara, que no nos representan y como los padrastros de la patria no tienen una ventanilla abierta para recibir reclamaciones por su nefasta gestión, el personal tiene que plantarse ante la puerta de sus señorías para recordárselo.

Pero no son sólo los señores diputados que dan la espalda a los afectados por la hipoteca los destinatarios de tan legal forma de protesta. Viene a resultar que dar por el culo a la ciudadanía es la afición preferida de la clase política, por eso consejerosconsejeras de todo pelaje, condición o departamento (y otras gentes del buen vivir, vicepresidentas incluidas), aplicados con fruición a la faena antedicha reciben las iras domiciliarias de los sodomizados por sus decisiones.

Como estos oligarcas ven al pueblo indignado con el mismo desprecio que ejercía el señor con el siervo, como no acaban de entender que el personal pueda decirles lo que piensa y pese a lo legal de las protestas (lo dice hasta el presidente del Supremo), han apañado una medida para que los escraches se queden a trescientos metros de sus sacrosantas moradas, rodeadas de cordones policiales no sea cosa que la chusma no se haya puesto desodorante antes de ir a decirles ahí te pudras.

A todo hay que buscarle el lado bueno y el cordón policial a trescientos metros del domicilio proceril tiene su lado bueno: dependiendo de como sople el aire, los indignados por cualquier causa quedarán protegidos del tufo a podrido que desprende el cadáver de la representatividad.

viernes, 15 de marzo de 2013

Jueces


Preparando la cena el 6 de marzo, con la radio puesta, como de costumbre, escuché el Hora 25 de Ángels Barceló. Ese día tocaban jueces cuya actitud en el ejercicio de su profesión me aportó una dosis de ese optimismo nada despreciable en esta época donde el Estado de Derecho se pudre en las alcantarillas. Me gustó el programa y, para recordarlo, más para mí que para vosotros, me lo pongo en el blog.

Me lo ha traído la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE sobre las clausulas abusivas de las hipotecas, promovida por uno de los participantes en la mesa, el Juez José María Fernández Seijo; me lo ha traído ver en los informativos a Mohammed Aziz y a su abogado, que no han reblado en este tiempo y que, desahuciados no se dieron por vencidos y han conseguido que otros se beneficien de su lucha; me lo ha traído el presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, Juan Luis Ibarra al alegrarse por dejar de ser cobradores del frac (aunque otros colegas se empeñen en parecerlo). Para que nadie se haga ilusiones con la Justicia justa, no es alentador que, en los mismos días, una jueza de Lanzarote diga que una patera tiene la culpa de que la Guardia Civil la embistiera a una patera causando un muerto y seis desaparecidos.

martes, 31 de julio de 2012

Divar y la desvergüenza

Que Carlos Dívar es un desvergonzado no tiene discusión, eso de gastarse la pasta pública en asuntos privados en estos tiempos parece poco edificante, sobre todo si uno es juez, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo.



Sin embargo, la cosa no iría mucho más allá (ya estamos acostumbrados a que el personal que se cree más nadie use y abuse de su posición en beneficio propio) si el interfecto no hubiera solicitado la friolera de 208.000 euros por hacer mutis por el foro.

Si, es escandaloso que el supuesto malversador solicite la cifra y lo es más que las instituciones del tercer poder contemplen la posibilidad de que el cesante (sea Dívar o cualquier otro, se los embolse) y será más escandaloso todavía que se lo concedan, aunque nada de ello sea ilegal (lo que es mucho más escandaloso todavía).

Que se impute a Dívar y se le requiera la devolución de la pasta es imprescindible, a lo peor nos enteramos de que no solo él, sino otros jueces de los órganos de gobierno de lo judicial disponen de carta blanca (o azul -la VISA en Francia se llama carte bleu-) para sus caprichos y que eso es legal y que no hay forma de juzgarlo.

Que no se le pague la indemnización es irrenunciable, sobre todo cuando los administrativos, limpiadoras, conserjes... de cualquier juzgado no percibirán este año la paga de Navidad (y, sobre todo porque hay personal que lo pasa todavía mucho peor). Por eso invito a firmar este invento que me han mandado (lo pongo en rosa que parece muy adecuado al caso.