miércoles, 6 de diciembre de 2017

En el día de la constitución inmaculada


La constitución española, así de "en minúsculas" la hemos dejado, cumple hoy 39 años en un momento difícil de su vida, cuando hemos pasado de incumplirla en su literalidad a tirárnosla los unos a los otros a la cabeza, como si Goya hubiese sustituido los palos de su duelo a garrotazos por esos tomos enormes sobre los que juran o prometen, por imperativo legal o no, su texto los cargos públicos electos.

Dicen en el telediario y otros medios más o menos parciales que es la norma que nos hemos dado todos los españoles y añaden que fue votada mayoritariamente; incluso, a veces eliden el pretérito para mayor abundamiento. Pues no, esa frase tantas veces repetida, es una falacia. Tengo 57 años y yo no voté la constitución en el 1978 porque no tenía edad para votar; porque la constitución se votó en virtud de una ley franquista que establecía la mayoría de edad a los 21 años.

Las matemáticas del referéndum (sí, referéndum, que alguno ha habido en la democracia española) son claras: ninguno de los actuales españoles menores de 60 años votamos la constitución. O lo que es lo mismo: el 77,3% de los españoles actuales no tuvimos la oportunidad de hacerla nuestra. Así pues, pese a su relativa juventud de 39 años, se trata de un texto legal, como poco, prejubilado si no ya jubilado completamente. Y como a todos los jubilados, se le reconocen y agradecen los servicios prestados, que son muchos, pero su puesto se reemplaza.

El caprichoso calendario de la historia ha querido juntar en un mismo puente festivo la conmemoración del aniversario de la constitución española y la festividad religiosa de la Inmaculada, en uno de estos alardes laico-religiosos que tenemos en este país; así ha conformado el puente de la inmaculada constitución o de la constitución inmaculada, que lo mismo da; un puente que se viene haciendo demasiado largo en su purísimo concepto.

Quienes piensen que la rimbombantemente  bautizada como "norma general del estado" está muy bien así, paralizada en su limbo, pueden leerla y comprobar, supongo, horrorizados, que no contempla el derecho a la sanidad universal, por ejemplo. Los ciudadanos que la conocemos, contemplamos no con menos enfado, que se incumple sistemáticamente en materia de trabajo y remuneración suficiente, igualdad, vivienda digna, justicia social o que se interpreta interesadamente en otras materias como la educación, para favorecer a los centros privados, por ejemplo.

La jefatura del estado, la sanidad, la federalización del territorio, la supresión de desigualdades fiscales, la laicidad, la consulta ciudadana, la supeditación al principio de estabilidad presupuestaria en vez de al de estabilidad social, el desarrollo del derecho al trabajo o a la vivienda, la supresión del aforamiento, el principio de una persona un voto, la supresión de la pena de muerte sea cual fuere el tiempo (de paz o de guerra), la equidad y la igualdad, el cuidado del medio ambiente, la atención a la dependencia, la prohibición de las anmistías fiscales... Le queda mucha faena a esta constitución, demasiada para su mentalidad de prejubilada y su pertenencia a las clases pasivas de prejubilados o jubilados (dicho sea con todo el cariño, que ya me queda poco) para que me salga escribir con mayúsculas aquello de Constitución Española.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Gran recogida de alimentos

En esta España nuestra, superadora de la crisis de manera tan brillante que hace mear de gusto a los políticos que lo proclaman y, a los demás (patriotas, patriotos o no), debería hacernos mear de la risa que provocan semejantes patrañas si no fuese porque la situación es más para llorar, en esta España nuestra, digo, se lleva a cabo este fin de semana la quinta gran recogida de alimentos en los supermercados para llenar, en la medida de lo posible, las despensas de los bancos de alimentos que tienen que paliar la injusticia de la madrastra patria para con sus hijos accionando el mecanismo de la solidaridad.

Esta mañana, al hacer la compra semanal en el súper, me he encontrado con dos voluntarias que me han solicitado colaboración, especialmente para alimentos infantiles, y es que la pobreza se ceba en la infancia y, según UNICEF, un 40% de los niños y niñas españoles viven por debajo del umbral de la pobreza, un índice que sólo superan en la Europa desarrollada Grecia y Rumanía (Yo también soy español, español, español, pero me sale decirlo con más vergüenza que orgullo).

En esta quinta campaña, me ha llamado la atención que las voluntarias que me han informado no eran las habituales y queridas jubiladas, casi siempre las mismas, eran dos chicas jóvenes, diría yo que una en edad de acabar el instituto y la otra en años de universidad, y me he alegrado de que su juventud me dijera que no todo está perdido, que hay cantera para seguir indignándose porque la falta de justicia nos haga recurrir a la solidaridad. Me han dado las gracias y yo se las he dado a ellas, por estar allí y por devolverme un poco de esperanza y una sonrisa en este sábado frío.

Quiero dedicar estas palabras a gente que, como ellas, como las jubiladas de otras veces o como mi admirado Antonio Maestro están para lo que haga falta.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

#YoTrabajoGratis

Me entero por la prensa de algo que ya sabía, aunque sin fechas: desde hoy las mujeres españolas trabajarán gratis hasta fin de año. Así de grave es la brecha salarial de esta España constitucional y constitucionalmente igualitaria. Mientras tanto resulta que, indiciariamente (eso sí), el actual presidente del gobierno cobró sobresueldos en negro y procedentes de la corrupción para complementar su magro salario de ministro + cargo del partido. Pero claro, el actual presidente del gobierno está salvando España y las mujeres sólo salvaslips. ¡Qué país! 

#YoTrabajoGratis


martes, 3 de octubre de 2017

Izad las banderas


Tender banderas en los balcones es un acto de identificación con un símbolo que pretende representar a una nación, a un pueblo, a una patria, por utilizar términos muy manidos estos días. Reconozco que soy muy poco de banderas (salvo, tal vez, la blanca), pero mucho de respetos, por eso, diré que respeto a quien cuelga su bandera en el balcón, sea rojigualda, cuatribarrada, estelada, de Aragón o de cualquier otra comunidad, aunque sea un invento de hace unos años y aunque el invento sea (como por ejemplo la de Madrid) de un poeta ácrata y natural de Baracaldo que pretendió poner en una tela la Osa Mayor, lo que dice mucho de las banderas, de su simbología y de su origen, en ocasiones, mestizo.

Eso sí, mi respeto a las banderas, que no es más que el respeto a las personas que las utilizan, tiene dos límites:
  1. El primero es fruto de la proliferación de banderas españolas y catalanas o esteladas en los balcones de los territorios representados y nace también de mi espíritu observador y socarrón, que hay que sumar sentido del humor al sentimiento patrio. Lo resumo en un concepto simple: la patria también se plancha. Y es que he visto tendidas, al natural o en fotos, banderas cuadriculadas de pliegues o arrugadas de armario y he pensado en un sentimiento patriótico más de cara a la galería callejera que al amor verdadero, al cuidado familiar que impediría al hijo salir a la calle con la camisa sin planchar y que es el cariño que, de verdad, necesita la nación, que está por encima de los desfiles, manifestaciones, juras, idolatrías y grandes declaraciones. Es aquel viejo y profundo cariño que hizo que a Unamuno (que era español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo) le doliera, como a mí, España.
  2. El segundo límite a mi respeto está en lo que la bandera, la que sea (española o catalana, por simplificar en este caso), esconde detrás. Compruebo tristemente que hay banderas que esconden actitudes, conceptos, hechos, resquemores y hasta odios que ni comparto ni acepto, y a esos a quienes dirijo mi desconsideración:
    • En general, las banderas que se utilizan en contra de los otros, que tienen bando contrario, que portan los que jalean "a por ellos" y creen representar los que se han creído ese "a por ellos" y han obrado en consecuencia. Esos no me representan.
    • Los aprovechados del sentimiento colectivo para colar el propio, enseñando banderas con águilas, yugos y flechas al ritmo de caralsol.
    • Los que utilizan las banderas para esconder la mentira y, en este caso, todos mienten y arrastran a los demás tras su mentira (recuerden que en las guerras no mueren los generales):
      Miente el Gobierno y los gobiernos anteriores, que han pactado con los nacionalistas cuando les ha interesado y han alimentado, con su empeño codicioso en no reformar la ley electoral para hacerla más justa y equitativa y, también, con sus acuerdos bajo o sobre cuerda, al nacionalismo que hoy rechazan.
      Miente el nacionalismo catalán cuando dice que España les roba, pese a que el ex-ministro Borrell ha demostrado lo contrario en un libro que nadie que no esté interesado en desmontar la mentira ha leído. Tristemente, las ratas a la sombra del estado nos han robado a todos, hasta a los que alardean de bandera.
      Miente el partido en el gobierno español al convencer a miles de españoles firmantes (e iletrados, añado) contra un abortado estatuto catalán cuyo articulado poscrito por el Tribunal Constitucional está recogido en estatutos entonces aprobados por el PSOE andaluz o por el PP valenciano, sólo por poner dos ejemplos gobernantes en el mismo momento histórico.
      Miente el Gobierno catalán y sus intelectuales cuando se inventan una historia con minúnsculas que no es una Historia con mayúsculas porque es manipulada para justificar sus postulados identitarios y una identidad inventada es una identidad falsa. (A José Luis Corral me remito por no irme mucho más lejos).
      Miente el Gobierno español cuando comparece enmascarando y justificando la violencia policial injustificable. Y miente doblemente porque ha conseguido un efecto multiplicador del independentismo con su actuación. Y miente triplemente porque, me temo, es el efecto que buscaba y es que, contra el independentismo se vive mejor.
      Miente el Gobierno catalán cuando considera válido un esperpento de consulta, independientemente de las circunstancias en las que se ha producido. Y miente doblemente porque ha provocado la intervención violenta del estado en una consulta que se pretendía no violente. Y miente triplemente porque, me temo, es el efecto que buscaba y es que, contra el españolismo se vive mejor.
      Mienten las televisiones públicas de España y Cataluña cuando informan de los acontecimientos.
      Mienten los pertenecientes a uno y otro bando cuando publican imágenes ensangrentadas y violentas de otros momentos en una impostura innecesaria, que bastante violencia y sangre hubo el domingo (y la habrá) y mienten cuando unos y otros abrazan a sus respectivas policías porque algunas de esas imágenes las han provocado las represiones policiales respectivas en otras ocasiones (mineros, 15M, mareas o cualquier otra manifestación popular).
      Mienten los partidos en el poder de las dos partes a las que el conflicto les sirve para tapar sus casos de corrupción y ganar rédito electoral a costa de los de siempre, los que se dejan llevar por la corriente engañados voluntaria o inocentemente.
Mienten, sí, y tras su bandera falaz arrastran a las masas, como siempre, hasta el precipicio.

Notas:


Para quien no tenga memoria, dejo esta foto  de Mariano Rajoy Brey, entonces ministro de Administraciones públicas con Aznar y artífice del pacto con los nacionalistas que permitió el apoyo al presidente. Era 1996 y está tomada en Planolas (Girona).

Para quien se ampara en la Constitución vigente les recuerdo que ninguno de los españoles y españolas menores de 59/60 años pudimos votarla en su momento, porque no éramos mayores de edad (21 años se requerían) o no habíamos nacido y eso supone 35 millones y medio de personas a las que ampara, pero no representa una constitución extemporánea, anacrónica y acartonada.

Para quien no se haya dado cuenta (he visto banderas tapando algunas ventanas), acaba de subir el paro (también en Cataluña); no se han recuperado los recortes contra el estado del bienestar (tampoco en Cataluña) y la pobreza sigue patente en España (y Cataluña) lo mismo que la desigualdad; se va a dejar mermado, por ejemplo, el centro nacional de investigación contra el cáncer; el expresidente de Murcia ha tenido que dejar sus cargos públicos acosado por la corrupción, un proceso de suma y sigue y que afecta, fundamentalmente, al partido en el gobierno español y al partido en el gobern catalán; no devuelven los bienes de la francha...

La vida sigue y es esa vida la que tienen que defender las banderas, porque la patria no es un concepto abstracto sino cada una de las personas que la constituyen.