domingo, 30 de septiembre de 2018

Ser tecnológicas o no ser tecnológicos, esa no es la cuestión

Cada cierto tiempo reaparece este debate cuando debería estar superado hace años. Es un melón permanentemente abierto que se empezó con la llegada de los primeros ordenadores a las aulas y que, dependiendo no sé si de los astros o de los intereses, llamémosles, socioculturales, sociopolíticos, mediáticos... sigue ahí.

En los últimos tiempos me ha extrañado la omnipresencia mediática de Catherine L'Ecuyer: RTVE, la SER, El País... Que no es sino una punta de lanza de un negacionismo tecnológico más extendido, natural o artificialmente, interesadamente a veces (como diré luego) y que acompaña a otros negacionismos (las vacunas, el evolucionismo..., que parece que la involución está de moda en esta supuesta modernidad de pacotilla) y a los que tenemos que enfrentarnos desde la razón práctica. El reinicio de este debate pedagógico-ideológico ha coincidido en el tiempo con el reinicio del debate político en términos parecidos, en las Cortes aragonesas, la diputada popular Ferrando propuso también esta polémica (en una puntada cuyo hilo ni es pedagógico ni de preocupación sincera, me temo) y a ese trapo entró nuestra institución autonómica creando una comisión que, espero sea coherente en contenidos y participantes. Y no es el único sitio donde se ha levantado la misma liebre, también en el gobierno de España.

Comenzaré diciendo que estoy de acuerdo con Mme. Lecuyer en muchas de sus tesis, no tanto por sesudas como por razonables (es cierto que la vida es interesante y emocionantemente asombrosa, no en vano a eso me dedico con desigual suerte: a que la vida sea un aliciente en la educación); pero continuaré diciendo que en el caso de los dispositivos (no los llamaré móviles porque son múltiples y variados) discrepo de ella y calificaría su postura parafraseando el refrán como de: "estudios vendo que para mí no tengo" (y es que siempre se ampara en estudios científicos para negar la mayor cuando lo razonable sería, como hacemos quienes educamos desde la experiencia, estar en una duda permanente que nos reconstruye cada día). Y si bien es cierto que estudios hay, y son serios y rigurosos, irreprochablemente bien construidos por método, por cada uno que demuestra los problemas que provocan los dispositivos, hay otro, igual de serio y riguroso  e irreprochablemente metódico que demuestra lo contrario. Y también igual de interesado, porque todos los estudios científicos lo son, desde el momento en el que pretenden demostrar una tesis previa, no se trata de descubrimientos, recuerdo, sino de estudios amparados en datos serios, rigurosos e interesados y métodos irreprochables.

En el debate que daba paso a las conclusiones del II Congreso de Innovación Educativa en Aragón, hubo quien se escandalizó cuando Rosa Liarte respondió a Catherine L'Ecuyer que estaba harta de estudios científicos (más o menos textual). Los escandalizados se avergonzaban de que un auditorio de docentes apoyase semejante afirmación tan poco rigurosa: confrontar la impresión con la estadística ¡Qué barbaridad! (Una vez más algún árbol les impidió ver el bosque). El caso es que estoy  con Rosa Liarte supongo que por es escepticismo que que enseñan las humanidades. Por poner un supuesto ejemplo basado en reseñas reales: Marcial, fallecido recientemente de cirrosis era, además, fan de los estudios científicos y siguió al pie de la letra algunos de ellos, que pueden encontrarse en la prensa, rigurosamente serios, según la universidad de tal o de cual:
  • La cerveza reduce el colesterol y retrasa el envejecimiento, cantidad recomendada 1 ó 2 al día.
  • El vino tinto está asociado con la longevidad, contiene hierro, sales minerales, ataca a los virus de la poliomielitis y el herpes, es antiséptico, antialérgico, reduce el riesgo de cáncer... Cantidad recomendada: 1 ó 2 copas al día.
  • El vino blanco y los cavas son ricos en tartratos y en sulfatos de potasio que actúan sobre los riñones, asegurando así una mejor eliminación de toxinas. Cantidad recomendada 1 ó 2 copas al día.
  • Según el profesor de inmunología Eduardo Muñoz, de la Universidad de Córdoba, el consumo moderado y continuado de bebidas blancas de alta graduación también tiene efectos positivos sobre el organismo.
  • Se puede afirmar que beber medio vaso de whisky al día, por ejemplo, es positivo para el organismo.
Por poner un ejemplo, cuando Montserrat Gomendio Kindelan, secretaria de estado de educación con el Ministro Wert, degolló el proyecto Escuela 2.0 afirmando que  "llenar de ordenadores las aulas no ha demostrado ser académicamente rentable" (lo de la rentabilidad académica tiene mucho de PISA y poco de Freire) y alegando que "hay estudios que confirman mejores resultados entre los alumnos que no trabajan con ordenador en clase que los que sí lo hacen", se hizo escoltar, en los días previos, por una campaña "periodística" en ABC que, día sí, día también, se hacía eco de un estudio de la CECE(1) (patronal de la enseñanza privada) en el que se negaban las bondades de la tecnología mientras sus centros, muchos de ellos elitistas, aparecían en los periódicos diciendo que sus alumnos de bachillerato iban a llevar el iPad a clase. Era obvio que ese estudio y la campaña de ABC no tenían otro objeto que dar razones al ministerio para desarticular el programa Escuela 2.0 que afectaba única y exclusivamente a la educación pública.

Un poco antes, cuando Aragón fue pionero en el programa "Pizarra digital", precursor del Escuela 2.0, el Departamento de Educación, y tras 3 años de su implantación, encargó a la Universidad Autónoma de Barcelona un estudio exhaustivo y, obviamente, igual de interesado en su encargo aunque sin consignas en los resultados (lo certifico porque lo viví como currante) en el que aparecían resultados como éstos (aclaro que mi selección es interesada, pero que ningún ítem del estudio es significativamente negativo):

ACUERDO CON EL PROGRAMA
(Sobre 5)


El alumnado, pensaba que...

Y el profesorado y equipos directivos:


Al finalizar el primer año de Pizarra digital (modelo 1 a 1), yo hice mi propio estudio interesado, muy de andar por casa, pero muy revelador: reuní a una docena de maestros y maestras del medio rural, con más de 20 años de experiencia docente en lo que entonces se llamaba el ciclo superior y les planteé una sola pregunta: ¿el uso de las tablets en el aula, mejora el aprendizaje de nuestro alumnado?. Y 12 de 12 me dieron una respuesta taxativa: Sí. Tanto consenso en educación es raro y por eso doy a mi estudio de andar por casa un gran valor. Después hicimos otras matizaciones, muchas, porque nada en el proceso educativos es blanco o negro ni siquiera es gris permanentemente, sino de muchos colores.
Mi propia experiencia, me dice lo mismo: el uso adecuado de los dispositivos (y añado lo de adecuado muy intencionadamente), es beneficioso para el aprendizaje en todas sus facetas. Podréis pensar: "claro, es que jR2.0 es un tecnófilo" y os equivocaréis. Soy tan partidario de integrar las TAC en el aula como convencido de que las humanidades en el sistema educativo han de tener un papel predominante, de que es más importante ejercitarse en la gramática parda que en la meramente lingüística, de que la palabra es la máquina más potente y de que son necesarios gigas y gigas de inclusión, por no hablar de la imprescindible fuerza del pensamiento compartido.
Y por eso mismo soy un convencido de la introducción de los dispositivos (múltiples, que no están los tiempos para rechazar lo que maneja cada niño o lo que está a disposición de cada niña) en las aulas; a mí me han dado buenos resultados y como he tenido la suerte de tocar muchos pitos en educación, doy un repaso nivelar: han sido útiles en primaria, como profe de lengua nunca he conocido una herramienta más potente de producción de textos, como profe de plástica, la pantalla es una fuente de creatividad que todavía no está suficientemente explorada en la escuela (hablo de estas dos áreas y no de otras porque de las dos tengo publicados recopilaciones competenciales para trabajar con alumnado). Me han sido muy útiles en secundaria y han sido mi mejor aliado como profe de sociales, pues la mejor manera de conocer el medio geográfico e histórico es estudiarlo sobre el terreno (que no en un libro de texto) y los dispositivos son las mejores herramientas para la investigación, la toma de información, la gestión y el análisis de lo investigado y la publicación de conclusiones (y también tengo trabajos competenciales publicados). Los dispositivos me han resultado imprescindibles en la motivación del alumnado de formación profesional inicial y en el proceso de educación permanente de las personas adultas. Es lo que yo conozco y de eso hablo.
Mi experiencia me dice que los dispositivos han sido, están siendo, unos acompañantes eficaces de la innovación educativa. Que sirven para cooperar mucho más de lo que se cooperaría con las fichas, las hojas de actividades de los libros de texto y con los cuadernos Rubio; que, en este sentido, están ayudando a volver a cambiar la fisionomía de las aulas porque cada vez veo más agrupaciones alrededor de una pantalla que sustituyen a las mesas en fila india y bien separadas por pasillos. 
Los dispositivos son una vía de inclusión: ayudan a equilibrar la diversidad, la funcional, la cultural, la de género y son un medio de compensación social. Decía Myriam Nemirowsky, una de las grandes formadoras en materia de lectura y escritura desde una perspectiva constructivista (y la cito más o menos de memoria) que los dispositivos son un medio de compensación social, que si están en las casas (o en la vida) deben estar en las aulas, pero que si no están en las casas, con más razón, tienen que estar en las aulas, para evitar esa brecha digital que se produce por razones socio-económicas y que, tal vez, sólo tal vez, sea la intención oculta de los negacionistas tecnófobos que predican su negación apoyados en la presentación que se proyecta desde un MAC. Otra pionera de la lecto-escritura constructivista, Emilia Ferreirro hablabla de la misse en page de un texto, y uno hay mejor forma de hacerla que desde una pantalla, porque un texto comprendido es un texto bien estructurado en la página, con sus negritas, subrayados y cursivas, su listas numeradas y con viñetas, sus ilustraciones y pies, sus notas...
Y es cierto, todo lo que está en la vida tiene que estar en el aula y, en el caso de las TAC, no sólo como herramienta, sino como materia de estudio, porque si queremos mantener la democracia, la democracia tiene que estar en las aulas y la futura ciudadanía democrática va a ser una ciudadanía digital a la que hay que educar en lo digital porque va a estar más expuesta a la postverdad y al engaño que cualquiera de sus antepasados y porque en tiempos de postverdad y engaño, no hay nada mejor para combatirlas que lo que yo denomino el humanismo tecnológico. Difícilmente se podrán tomar medidas de convivencia en una sociedad virtual donde las redes sociales son el mecanismo preponderante de opinión sin iniciativas pedagógicas que eduquen en el buen uso de los dispositivos, sin ellas no serían posibles buenas prácticas como los ciberayudantes o el MIGO-TIGO, del IES Martínez Vargas de Barbastro, por citar sólo la última que he conocido. No nos engañemos, el mal uso de los dispositivos se dará estén o no estén en el aula, pero sólo desde el aula son capaces de surgir estas y otras medidas educativas y protectoras que son las que, realmente, pueden proporcionar la adecuada protección al alumnado, desde la reflexión y la implicación del propio alumnado.
Para ir acabando, diré que la tecnología en las aulas es necesaria y que el uso adecuado de los dispositivos es imprescindible, y matizaré que es necesaria cuando es necesaria e imprescindible cuando es imprescindible. Y lo que parece una perogrullada no lo es tanto: en la escuela hay que escribir (en la pantalla y en el cuaderno) porque la escritura es la manifestación del pensamiento, no porque haya que trabajar la caligrafía; en la escuela hay que leer (en la pantalla y en el libro) porque la lectura es una herramienta de conocimiento y porque comprender los mensajes de forma reflexiva es una manera de enfrentarse a la falsedad y de crear criterio propio. Y hay que leer en pantalla porque es el medio a través del cual recibimos más información en la sociedad actual y porque leer en pantalla tiene un mecanismo distinto a la lectura textual en papel. Lo que algunos expertos llaman dispersión tiene otro nombre que complementa a la lectura textual y consecutiva en papel (una página tras otra): la hipertextualidad, el multimedia y la multidireccionalidad, que no es dispersión sino un mecanismo cerebral, porque nuestro cerebro es multidireccional, hipertextual y multimedia, igual que los dispositivos.
Y también digo que es preciso aplicar el sentido común pedagógico y que habrá que utilizar el papel cuando sea necesario, el juego cuando sea necesario, la reflexión cuando sea necesaria... y los dispositivos cuando sean necesarios, entendiendo por necesidad esa valoración del docente y del grupo de que eso va a aportar un valor añadido a lo que hacemos, que el aprendizaje va a ser más rico y la experiencia más motivadora y, por lo tanto, más integradora. Y la tecnología nos sirve también para respetar los estilos de aprendizaje y la maduración de cada miembro del grupo porque proporciona múltiples herramientas diferentes para crear productos finales diferentes y adaptados a la inteligencia predominante en cada caso o a la que más nos interese desarrollar.
Es, en fin, una multiherramienta para un trabajo que respeta las cien maneras (o miles) de ponerse un sombrero que supone el hecho educativo, ese proceso endiabladamente sencillo donde cada grupo está constituido por individuos diversos que lo son incluso en si mismos y en distintos momentos; la pedagogía del sentido común va por todos esos caminos.

(1)El Informe sobre Tecnología Educativa 2011 del Instituto de técnicas educativas de CECE ya no se encuentra en la red, pese a que sirvió de argumento en los recortes en integración de las TAC para el ministerio de Wert.

martes, 7 de agosto de 2018

Los nuevos inquisidores

Leo asombrado que hay gente que se mete con esta mujer por la ropa que lleva, otra gente (o la misma o parecida) se mete con no sé qué cantante de OT (ni idea de quién es) por poner una foto en Instagram con bikini.



Soy de una generación en la que las chicas se quitaban el sostén como forma de rebeldía y, a base de recibir leches (de padres, parejas, hermanos y hasta policías y curas) e insultos, consiguieron generalizar el "visto como quiero", tomar el sol en la playa como les saliera de las tetas y hasta volver a ponerse, con el paso de los años, el sostén porque dicen que es mejor y porque les da la gana.

Y aquí estamos, cuarenta o cincuenta años después, insultando a quien viste como quiere, criticando a quien hace lo que le da la gana, dentro de la más estricta legalidad y menospreciando a quien hace con su cuerpo (esculpido en el gimnasio o trabajado a base de buena mesa, con o sin michelines, como quiera que sea que para eso es el suyo) lo que le da la gana.

Me da vergüenza esta gentuza que está dispuesta a crucificar a las mujeres por ir como quieren, son la cara popular de esos jueces que cuestionan la moralidad de una mujer agredida y condicionan su veredicto a la ropa que llevaba puesta. Ya sólo faltan los curas persiguiendo bañistas sin sostén en las playas y la vieja policía de la moral y la decencia.

Que se vayan al paleolítico de donde nunca tendrían que haber salido.

Estoy por ponerme transparencias.

Analfabetismo funcional

Dice la UNESCO que se denomina analfabetismo funcional a la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida.

Estimado analfabeto funcional
Estimada analfabeta funcional

Leo en las redes sociales que compartes tu inquina hacia el migrante o la refugiada (pobre, eso sí), propagando infundios que otros personajes u organizaciones menos ignorantes y más interesadas que tú, pero igual de misántropos, crean para sembrar el odio y la xenofobia a partir de infundios, mentiras y calumnias.

Te he oído compartir muchos embustes que se ajustan a tus ideas pero no a la realidad y que difundes alegremente para intoxicar a otros incautos iletrados como tú envenenando la convivencia con el ratantu* de la aversión: desde una cabeza abierta que atribuías a un guardia civil en Ceuta agredido en el salto de la valla de concertinas (que resultó ser un policía australiano herido con una catana); hasta que unos refugiados sirios han rechazado un piso porque no tenía ascensor. Pasando por que cáritas rechaza ayudar a una mujer española por no ser inmigrante. Cualquier falacia mueve tu conciencia racista y te impulsa a compartirla.

Te he leído afirmaciones gratuitas con las monsergas de siempre diciendo que nos quitan el trabajo, que colapsan la sanidad, que reciben no sé qué prebendas, mientras que los españoles... A este respecto, te recomiendo leer este artículo y, sobre todo, sus informes vinculados para que constates, si te la pelan las razones humanitarias, que la presencia de migrantes es beneficiosa económicamente hablando.

Las sociedades y los individuos ignorantes son fácilmente manipulables y no hay peor ignorancia que la que desconoce su propia existencia y hace gala de su necedad.

Una sociedad informada es una sociedad libre; pero hay dos tipos de fuentes informativas: las fidelignas y las interesadas, amarillas o, directamente, embusteras. Beber de unas o de otras no garantiza ni la sabiduría o ni la estupidez, pero ayuda mucho.

Puedes seguir compartiendo falsedades, de forma consciente o inconsciente, pero siempre interesada, sólo quiero que sepas que te he calado. Con el testimonio de mi desprecio más distinguido, me despido de ti hasta nunca.

*Marca comercial de matarratas

Gramática inclusiva

Digan lo que digan Arturo Pérez Reverte, la RAE o el lucero del alba, a nadie, repito, a nadie se le ocurrió nunca contradecir al maestro de ceremonias del circo, al mago del conejo o los conferenciantes Unamuno o León Felipe, por citar tres ejemplos facilitos, para reprocharles el señoras y señores con el que iniciaban su sesión. 



Por eso diga lo que diga el francotirador Pérez Reverte (al que admiro), la RAE (a la que respeto) o el sursumcorda (a quien no tengo el gusto), si alguien que quiere recabar la atención del respetable puede hacerlo mediante un señoras y señores integrador sin incurrir en delito lingüístico (considero a Unamuno o León Felipe -de los que conservo testimonios documentales del flagrante hecho- poco proclives a atentar contra el idioma), yo seguiré diciendo alumnos y alumnas, maestros y maestras, compañeros y compañeras y hasta señoras y señores, cuando la ocasión lo requiera; utilizaré el femenino cuando la audiencia lo sea mayoritariamente y seguiré oponiéndome a cualquier intento de utilizar el lenguaje como instrumento de exclusión al amparo de un supuesto genérico que no existe. 

Ahora bien, mantendré que, pese a admitirlos por repetición (al fin y al cabo la lengua es obra del habla), no me gustan estupideces lingüísticas como jueza, concejala o albañila porque son sustantivos que admiten los dos artículos y una cosa es ponerse en plan talibán de la gramática y otra admitir pulpo como animal de compañía, aunque el lenguaje coloquial lo cobija todo y ahí nos encontraremos.

sábado, 16 de junio de 2018

Volver al Pignatelli

Esta mañana he estado en mi viejo instituto Pignatelli, no el actual sino el que ocupaba el decrépito edificio de la actual sede del gobierno de Aragón.

Nada más llegar a la sala de la Corona (la iglesia hospiciana, reconvertida en salón infrautilizado); alguien con el don de la oportunidad ha pillado el micrófono y para hacer sentar al personal ha tenido la feliz idea de decir: "¡Olalla, siéntate!", sin saber que las paredes de mi centro oyeron muchas veces el mismo mandato; Olalla, siéntate; Olalla, cállate; Olalla...




He recorrido el patio de recreo (ahora se llega allí desde la entrada nueva), dividido en dos, donde me fumé mis primeros celtas bajo los arcos (entonces se fumaba en los colegios) y antes de pasar al salón de actos me he ido al otro patio (también partido en dos en la actualidad), donde jugábamos, hacíamos gimnasia (que no educación física) y ensayaba la banda de la Diputación Provincial (en lo que ahora es salón Ordesa, en la esquina noroeste).

Por llegar justo de tiempo al inicio, como de costumbre entonces, me he cargado el ¡Olalla, siéntate!, como de costumbre entonces, tal vez porque, como también entonces, mi cabeza y mi corpachón sobresalían un poco más que las otras.




En algún que otro despiste, he ido hasta la Siberia, aquel aula enorme y heladora del sótano donde guardábamos el tocadiscos y las canciones subversivas. He subido hasta localizar mi clase de cuarto de bachiller, donde nos tutorizaba la Zaragozano, la única profesora del instituto capaz de horrorizarse cuando, presos del arrebatamiento anarquista (maoísta, comunista, leninista o troskista, que de todo había), abríamos las ventanas y tirábamos las mesas y sillas al corral por donde se entra hoy al edificio gubernativo y que entonces era una selva inhóspita donde dejábamos ir nuestra libertad vigilada. Les he contado las batallitas de abuelo cebolleta a las amables funcionarias que habitan el espacio y me han mirado entre incrédulas (sobre todo cuando les he dicho que había una estufa de leña justo aquí) y espantadas, temiendo acaso que me pusiera pesado o que comenzara a arrojar mobiliario por las ventanas ahora herméticamente cerradas; ha sido un rato majo.




He salido por la puerta principal, la de verdad, la que da a la calle Pignatelli, para volver a entrar el dintel de la puerta grande, la de siempre, tras cruzar aquellos jardines entonces desolados que hoy día tampoco es que hayan mejorado mucho, y he buscado infructuosamente el teatro desvencijado que había en el ala contraria al salón Ordesa, tan amenazante de ruina que ni los grises de la época se atrevían a seguirnos hasta allí cuando nos refugiábamos entre el polvo y las ratas que lo habitaban. Porque, como también les he contado a los polis (supongo que nacionales/autonómicos) de la puerta principal, la de siempre, los recreos de aquel instituto de mi adolescencia eran una habitual carrera delante o detrás de aquellos grises que entraban con las furgonetas cenicientas hasta el patio día sí y día también a incordiarnos nuestra física, nuestra química y nuestra ideología incipientemente izquierdosa. Hasta se han extrañado, como diciendo ¿nosotros?. No, eran ellos.

Todavía he hecho una cosa más: buscar la sala de profesores de la primera planta, aquel lugar indefinible donde nos mezclábamos los chiquillos con los catedráticos sin solución de continuidad (hoy resulta raro ver a un alumno que no esté castigado, malucho o peculiar en el sancta sanctorum del profesorado) y me he sentado un ratico, con el permiso de más funcionarias un poco alucinadas, a recordar a mi profesor de literatura, Luis Yrache, con su pipa y gesto masajeándose el pecho y su alma de poeta y su pasión por el 27 y por los clásicos. Él no me dijo nunca ¡Olalla, cállate! ¡Olalla, siéntate! Pero me recomendó al marqués de Bradomín y nunca se lo agradeceré bastante.

http://www.andalan.es/?p=11266

Era el año 74, tenía 14 años y no he encontrado ni rastro de aquella época sino dentro de mí. Ni siquiera fotos, las que ilustran esta entrada son una recopilación anacrónica de esas vivencias.

Gracias J.C. por tu ocurrencia de esta mañana, no sabes lo que me ha emocionado ese ¡Olalla, siéntate!

domingo, 15 de abril de 2018

Y vuelta con la empentada

Y vuelta con la empentada, era una frase típica de mi padre que reutilizo para recordar las riadas del 03, 07, 13, 15 y esta del 18.



Comparto casi todo lo que dice Roberto González, el alcalde de Villafranca de Ebro que, seguramente, no será de mi cuerda, pero dice verdades como puños, esas verdades que siempre han caracterizado a los de la ribera del Ebro.

http://www.aragonradio.es/radio?reproducir=170389 (hacia el final).

Ahí voy:

Me reconozco como una persona preocupada por el medio ambiente, aunque no sé si los ecologistas de pedigrí, los que  nunca han deshecho un tormo de tierra con sus manos, me aceptarían en su club (y menos después de esto). 

Soy Villafranquero (que no villafranquino, como se.empeñan en decir la güiquipedia  y la diputación) de crianza porque me nacieron en Zaragoza. He vivido buena parte de mi vida a orillas del Ebro, no en vano mi pueblo lleva su apellido y conozco sus brutales estiajes, sus inmensas riadas y sus caprichos capaces de trasladar hectáreas de tierra de una margen a otra porque un meandro ha tenido ese antojo, de hecho tengo un corro de tierra (así se dice) en Fuentes que conocí de niño en la margen izquierda (muy pocos saben que una parte del término municipal Villafranquero se pasó a la derecha).

La prueba de mi relación con el Ebro es que, con mi padre y a regañadientes, lloré cuando quitamos las dos nogueras (que no nogales) del Soto Lugar; he labrado (con burro y aladro) en el Tollo, he cosechado panizo a mano en el Sotico, y he respigado en la Mejana, como.cualquier chico (de entonces) de mi pueblo para sacar unas perras con las que pasar las fiestas de diciembre (las de Santa Barbara, así, sin acento, que hablamos así y eso es ecosistema lingüístico). 

Y hablando de sotos y de mejanas (que somos tan bárbaros y tan iletrados naturales que hasta el corrector me lo marca como erróneo), recuerdo que casi nunca llegaba el Ebro hasta las Viudas, una o dos veces en los veintipocos años que viví en Villafranca (de Ebro), claro que entonces también llegó a Campillos (se veía desde nuestro barrio bajo) y hasta el puente de la Ordana (la acequia de Urdán para los ajenos, que en cosas de riegos y de aguas tenemos probada experiencia).

Como hijo de agricultores y como migrante por necesidad, hace ya 34 años que vivo justo encima de otro río (tengo al Jalón justo debajo de mi terraza), sé que una riada como esta o como las otras que menciona Roberto en el podcast que acompaño, es una ruina (que no saben lo que dicen quienes dicen que la cosa no preocupa porque no llega al casco urbano, que la economía de los pueblos depende del alfalce. La mentalidad urbanita entiende que como el agua no llega al sofá de casa la cosa no es de preocupar, pero para quien vive del alfalce (que no alfalfa) y el panizo (que no maíz), es un desastre que ni siquiera cubre el seguro en su injusta medida.

Si una mota (y he trabajado en reforzar varias por la noche y por el día, sin descanso) se rompe es porque está mal hecha, sobre todo si revienta antes de que llegue la cresta de la riada y da igual que vengan políticos e ingenieros, la UME o la madre que los parió; está mal hecha y punto, como está mal hecha esa autovía AR1 que puso un puente de juzgado de guardia sobre el río en contra de la opinión de los vecinos. Mala política es, como dice Roberto, la que se hace fotos cambiando la corbata por la camisa en el 03, 07, 13, 15 y en el 18. Habrá que buscar alguna solución y los lugareños sabemos cual es. Si el agua recrecida no cabe en el río es, en parte, porque el cauce ha perdido capacidad por los sedimentos acumulados y no limpiados durante el año.

La biodiversidad del Ebro se la cargó el desarrolismo: las papeleras, las químicas de los afluentes, las especies invasoras... La biodiversidad del Ebro se la cargaron las gentes que necesitaban enriquecer su patrimonio: empresarios y sus vertidos, obreros que trabajaban para ellos, criadas (algunas de mi pueblo y mi familia) que lavaban sus palominos... La Biodiversidad del Ebro se la cargaron, también, los ecologistas de salón olvidando que un pueblo es parte del ecosistema y se sostiene con su economía agrícola y no con adosados para que vivan los ecologistas de salón.

De niño, conocí carpas, tencas, barbos y hasta a alguien que dice que pescó una trucha. Conocí y conozco, los estoy oyendo ahora sobre el Jalón, mi río de ahora, los cantos de las calandrias y las cardelinas, sé lo que dicen, cómo se provocan encelándose, se requieren y se gustan. Y sé que a ellas no les importa que se limpie el río, como siempre se ha hecho, respetando sus chopos y sus álamos, me lo están cantando ahora mismo. Porque el río es un ser vivo, parte de un ecosistema solidario donde vivimos (donde hemos vivido hace miles de años) calandrias, cardelinas, chopos, álamos, carpas, percas y hasta truchas que alguien dice que pescó, jabalíes, agricultores Villafranqueros (y hasta villafranquinos) que saben (sabemos) que un pueblo es un ecosistema que hay que conservar y que todos formamos parte de ese ecosistema, hasta los que no saben que existe.

A ver, señores y señoras ecologistas (grupos a los que, creo, pertenezco) Pese a la dualidad que plantea Roberto, el ecosistema rural necesita medidas que mariden el respeto al medio y la supervivencia económica y nadie sabe más de eso que quienes construyen todos los días y generación tras generación los pueblos.