Confieso que he aprendido (III) Los últimos años de primaria

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16-11-2019

No hay nada más fácil y, a veces, más satisfactorio, que romper la disciplina; como ésta de escribir a diario mis vivencias educativas desde que era un cachorrillo de aprendiz hasta la fecha de mi jubilación tiempo en el que confío en seguir aprendiendo, es autoimpuesta, mejor rebelarme contra mí mismo que no rebelarme contra nada, que cada día esto de las rebeliones me cuesta más. El 30 de octubre me despedía hasta el 11 de noviembre, por motivos profesionales, que me fui a Madrid a predicar sobre redes sociales en centros educativos, y es que en esta última fase de mi vida educativa  ando peregrinando por centros y ferias de formador de maestros y maestras o aprendiendo de ellos y ellas, que viene a ser lo mismo.

Reitero lo que ya dije al principio: esto no son unas memorias, sino un procedimiento para desengancharme, día a día o cada cuando pueda, de esas aulas que han sido mi vida desde siempre y recordar los aprendizajes que, dentro o fuera de ellas, he adquirio por acción, omisión, inmersión o invasión.

El caso es que, como a petición del ex-Decano de la facultad de educación, me salté el orden cronológico de mi relato, lo retomo desde donde lo dejé y he aprovechado el desajuste temporal para organizar el rollo, que se hacía muy largo para mi blog, dividirlo en capítulos y seguir adelante con el que sería el tercero que llegará hasta el final de mi educación primaria.

Amenazo con que va a haber mucha enciclopedia de segundo grado, y es que dar un repaso a ese libro mendaz, compararlo con la verdad objetiva y sacar las conclusiones pertinentes es una vacuna contra la insensatez histórica que parece haberse apoderado de los espíritus patrios en forma de nacionalismos excluyentes de absurdos y amenazantes bandos varios.


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(17/11/2019)
La enciclopedia Álvarez de segundo grado, que se llevaba más o menos hasta los 10 años, tenía una portada que no dejaba cabos sueltos: sobre un fondo que empezaba a amanecer, como en España (menudo amanecer más largo que llegó hasta el 78), el mismo chaval rubicundo que presidía la de primer grado y que parecía importado de Noruega, acompañado, como no, de las tablas de la Ley de Dios, además de los pulmones, un triángulo, los ríos patrios, la guerra de la Independencia, un libro (que no sé qué pintaba allí pues en aquella escuela graduada no había más libro que la propia enciclopedia excepción hecha del catecisno) y un pincel con su paleta (que debía de ser lo que me impelía a poner barbas, bigotes o gafas e, incluso, cuernos, a todo personaje histórico o literario que se asomaba a sus páginas)... y la afirmación de ser intuitiva, sintética y práctica. Por aquel entonces no se me ocurría mirar el índice, pero ahora que lo veo, me percato de que si bien la mayoría de las materias eran comunes, el texto distinguía entre una formación plolítica social para los niños y una formación política para las niñas que, al fin y al cabo, la patria no requería lo mismo a unos y a otras.


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(18/11/2019)

El espacio que dedicaba la enciclopedia de segundo grado a la educación artística, salvo algunas rotulaciones que aparecían a lo largo del libro para que el alumno las imitara (nada de fomentar la creatividad, imitación y copia según el modelo, no fuera a ser que nos descarriáramos sin remedio y cayéramos en manos del contubernio) era de risa: las dos últimas páginas del texto, justo antes del índice, proponían unas muestras de dibujo, una de ellas, y de trabajos manuales, la otra, a la vista de semejante propuesta, uno puede echarse a reír, a llorar o a temblar. Así que no es muy de extrañar que aquellas generaciones enciclopédicas saliéramos de la escuela sin más arte que el adquirido por naturaleza.


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(19/11/2019)

Mientras que el dibujo y los trabajos manuales ocupaban dos páginas de un libro con poco menos de quinientas páginas, la religión, en sus distintas propuesta, copaba más de la quinta parte, de forma que entre la religión propiamente dicha (una especie de catecismo paralelo con los dogmas de la fe, las virtudes, los mandamientos, los sacramentos o las obras de misericordia), añadían otra sección de Historia Sagrada y, finalmente, un peculiar resumen de los Evangelios ordenado por tiempos litúrgicos: adviento, epifanía... En total un ciento de páginas que complementaban a la catequesis que se recibía en la parroquia y que son buena muestra de la importancia que el régimen daba a la formación católica de sus súbditos.

Ahora bien, para proporcionar algunas dosis de actividad al asunto, el texto estaba salpicado de entretenidas y estimulantes actividades como la siguiente:

"Copiar en una cuartilla el dibujo de la lección; darle colores y copiar debajo, con todo esmero, el texto de dicha lección". El dibujo en cuestión era éste, todo un estímulo no sólo de la creatividad sino, sobre todo, de la teología:


El estudio de la religión proponía lecturas tan edificantes como este precioso poema en el que se hace referencia a un tal Melancthon, embustero él, que supongo hace referencia a Philipp Schwartzerdt Melanchthon, seguidor y sustituto de Lutero en el liderazgo protestante cuyo ominoso delito que jusifica el calificativo de mentiroso es que intentó la concicliación no sólo entre las distintas tendencias protestantes sino entre éstos y la iglesia católica.


Pero claro, aquella religión nacional-católica no entendía nada de ecumenismos y sabía mucho de obediencia, por eso salpicaba el texto escolar de edificantes frases que había que copiar caligráficamente una, tres y hasta cinco veces dependiendo de la amplitud del texto, y eso sin estar castigado, que con castigo, las copias podían multiplicarse por cien.




Así era aquella escuela que formaba obedientes copistas, fieles a sus superiores, reproductores de la moral oficial y poco proclives a aventuras creativas. Todavía me hago cruces de como fuimos capaces (algunos) de escapar a semejante adoctrinamiento.

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(20/11/2019)
Todo estaba pautado y bien pautado en aquel líbro intuitivo, sintético y práctico, sobre todo práctico, salirse de la norma era de lo más complicado si el maestro tenía en cuenta las recomendaciones de la asignatura: llueva o truene, las lecciones indicadas antes de Navidad.


Pero no sólo estaba pautado el ritmo de la clase, también el ardor patriótico o el fervor religioso, véase un ejemplo de lectura en clase de lengua de un tal J. Mercado, un falangista del que nunca más se supo y otro de la primera conjugación verbal con el verbo amar al niño Jesús, que debía de ser un verbo compuesto.


La selección de lecturas literarias iban desde poemas patrióticos de insignes falangistas como el citado J. Mercado (que repetía con el lindo "Lorencito y su bastón" y que no reproduciré aquí por respeto a la poesía), fábulas moralizantes de Samaniego, Iriarte y Hartzenbusch y algún extracto de Lope, Calderón, Jorge Manrique, Quevedo o Cervantes, amén del costumbrismo de los hermanos Álvarez Quintero o de Gabriel y Galán, ese era todo nuestro contacto con la literatura donde, además de los citados, se proponían como ejemplos de renombrados literatos a Cayetano Fernández y Cabello y su famosísima obra "Fábulas ascéticas" cuya lectura recomiendo vivamente y, para quien tenga dudas, propongo este verso:


Codeándose con Cervantes, Lope o Calderón, aparecía también el reputado Andrés Calcagno que, como el anterior, era sacerdote, sobrado merecimiento. Todos ellos, eso sí, con el don por delante, y los demás, ausentes de ese compendio literario yermo de lecturas y de referencias.

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21/11/20219
Aquellas matemáticas eran un fiel reflejo de la sociedad de entonces que consagraba a la mujer a su casa, a su marido y a sus hijos que la la sección femenina se encargaba de difundir con publicaciones de esta guisa:


Por eso, no es de extrañar que en  los problemas de aritmética los agricultores recogieran 420 kg de garbanzos (aunque las mujeres trabajaban en las faenas del campo como la que más), que un padre dejara al morir 380.000 pesetas, que un obrero ganara al mes 790 pesetas y gastara..., que un comerciante vendiera no sé cuántos metros de tela, que un señor vendiera un conejo por 18,60 pesetas, que un funcionario sellara al día 200 documentos o que un conductor recorriera una distancia concreta.

Por su parte, lo habitual era que mi mamá fuera al mercado y comprara, que una señora comprara una máquina de coser que le costó... y poca cosa más, porque, al parecer, las mujeres no eran campesinas ni legatarias de herencias ni obreras ni comerciantes ni criadoras de conejos (cuando, en realidad eran ellas quienes los criaban en casa) ni funcionarias ni conductoras (de ésas ya había menos, es cierto, que eran los tiempos).

Y puestos a distinguir, los protagonistas de la posesión de caramelos, monedas o bicicletas siempre eran Manolito, Pepito o Juanito y raras veces Manolita, Pepita o Juanita porque, a lo peor, se daba por hecho que ellas, también las niñas, no se enfrentaban a aquellos complejos problemas matemáticas que requerían de la capacidad lógica de un hombre para resolverse o, simplemente, que eran invisibles en aquella enciclopedia de mis dolores.

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23/11/2019
Según el manual de Álvarez, el jefe del pueblo es el alcalde y el jefe de la provincia es el gobernador civil, pero la provincia tenía más jefes y como tales eran considerados el presidente de la Diputación, el presidente de la Audiencia, el gobernador militar y, como no, el señor Obispo. Y claro: "nuestra nación se llama España y el Jefe (esta vez con mayúscula) supremo de ella es el Excmo. señor don Francisco Franco Bahamonde. Con tanto jefe por encima de nosotros, pobres mortales, no es de extrañar que fuéramos tan sumisos en aquella España de cordilleras que hoy nos suenan tan raras, espero, como tanta jefatura político-religiosa.


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24/11/2019
Tampoco las regiones españolas eran las de ahora, así León era León y Castilla la Vieja (con Santander y Logorño como provincias) no formaba tándem los primeros; Castilla la Nueva incluía a Madrid, Murcia a Albacete y las Vascongadas identificaban al actual País Vasco. Para aquel libro, los gallegos eran duros para el trabajo; los vascos hablaban un idioma muy antiguo y muy difícil de entender; los habitantes de Extremadura, León y las dos Castillas eran nobles y desinteresados, prefiriendo el honor a las riquezas y comodidades (había que tener morro para justificar de esas maneras la pobreza de aquellas tierras, pero claro, como estaban acostumbrados a la dureza del clima y a trabajar mucho para obtener poco, a lo largo de la historia hicieron muchas heroicidades que sólo "hombres de su temple podían llevar a cado" (las mujeres extremeñas, maragatas o castellanas no debían de tener ese temple extraordinario). Los aragoneses habíamos destacado en la historia por nuestro heroísmo patriótico; los catalanes, por su parte, hablan entre ellos el idioma catalán y son muy trabajadores, además de estar muy orgullosos de tener a Barcelona (que es casi tan grande como Madrid) como capital; los baleares también son muy currantes; los valencianos, aficionados a la música, la pintura y la escultura, y Andalucía es la región más graciosa y alegre. Ahora bien ni de los navarros, asturianos o canarios apuntaba la enciclopedia cualidad alguna, vaya usted a saber la razón. Seguramente sería el mismo criterio por el que de Europa sólo se hablaba de Portugal y del resto del mundo (amén de las posesiones españolas en África), únicamente de América.

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2511/2019

El Boletín Oficial del 8 de marzo de 1938 rezaba (nunca mejor dicho): "Es preciso que en las lecturas comentadas en la enseñanza de las Ciencias, de la Historia, de la Geografía, se aproveche cualquier tema para deducir consecuencias morales y religiosas.[...] La sociedad entera espera que el Magisterio, de misión tan sublime, que anhela sobre toda ponderación servir a España juntando en estrecho culto a Dios y a la Patria, será un esforzado cooperador de las glorias nacionales.". Dicho y hecho: las lecciones de Historia de España tenían su apostilla moralizante y en ellas podemos leer algunas perlas: Así, cuando habla de los hombres primitivos, que los pobres no tenían las comodidades que tenemos ahora (que eran la pera porque teníamos "la luz eléctrica y el fuego a nuestro antojo"y "perfectos muebles"), añade que "demos gracias a Dios, pues por su santa voluntad vivimos en una época llena de comodidades", hombre, que los años 60 eran más cómodos que los que les tocó vivir al personal de Altamira es indudable, pero tampoco es que estuviéramos plagados de comodidades en esa década. Si hablaba de iberos, celtas y celtíberos, afirmaba que "desconocían al Dios verdadero, pero creían y adoraban a un ser superior a ellos. Los que en pleno siglo XX no admiten la existencia de Dios, son más salvajes que los hombres primitivos". ¡Chúpate esa! Igual es que por aquella época de los celtíberos Jesucristo no había nacido aún y, como mucho, esos antiguos pobladores hubiesen sido judíos en caso de tener alguna proximidad religiosa, en cuyo caso estarían encuadrados en el famoso contubernio judeo-masónico que supuestamente amenazaba al régimen. Por otra parte, aquella gente tan civilizada que ya creían en un ser supremo, que más bien eran varios (pero, claro, eso no lo iba a decir la encilopedia), tenían en común con el propio Caudillo que gustaban de los sacrificios humanos, generalmente enemigos, yo parecen comprobadas las ofrendas humanas célticas al dios de la guerra, los óbolos de personas y caballos de los bletoneses (como ya contaba Plutarco), de los lusitanos... De los otros sacrificios humanos, del los del caudillo, hay constancia reciente.

Altar en el yacimiento de Gete (Burgos)

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27/11/2019
Y es que la moral (religiosa o patriótica) estaba a la orden del día, por eso, los niños teníamos que admirar la constancia de Roma, porque "en este mundo Dios premia al perseverante" (no sé si se refería a Júpiter). Tras presentar a Viriato como un proto-patriota, el autor se plantea la gran pregunta "¿De qué sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? Y con la lectura sobre la heroicidad de Numancia venía la obligación de copiar caligráficamente dos veces, para que quedara bien clarito:


Los romanos estaban más adelantados que los españoles ¿? y nos dieron tanta candela que "Los españoles sufrieron mucho durante la dominación romana, pero también aprendieron mucho" así que "acostumbrémonos a recibir con gusto los sufrimientos y penalidades de la vida, si ello ha de redundar en nuestra perfección". Así que, a joderse y a aguantarse, al fin y al cabo "No temáis a quienes pueden matar vuestro cuerpo, pero no pueden matar vuestra alma", cosa que había que copiar tres veces en caligrafía para que no quedara lugar a dudas. 

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29/11/2019
Respecto a la llegada del islam a la Península ibérica no cabe ninguna conjetura histórica, como "La España visigoda se encontraba debilitada por los lujos, despilfarros e inmoralidades de sus habitantes, la invasión y dominación árabe fue como un castigo que Dios le impuso por sus pecados". Y es que "los elementos constitutivos de la nacionalidad española en la Edad Media son cuatro: la monarquía, la Iglesia, la nobleza y el pueblo", así que pobre pueblo que no sólo tiene por encima a gobernantes y amos de lo material, sino también a los dueños de lo espiritual. El asunto era un poco lioso, había una nación española, pero resulta que habla del reino de Asturias, soslaya prácticamente al reino de León y describe el recorrido del condado y posteriormente reino de Castilla; había otro reino en Navarra, otro en Aragón y los condados catalanes, todos ellos de "origen inicerto" y, pese a este rompecabezas territorial, ya había una nacionalidad española y así hasta los reyes Católicos, que también tienen tela. Mientras tanto, os dejo que hagáis este bonito ejercicio:

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01/12/2019
Una de las mayores aberraciones históricas de la Enciclopedia Álvarez es la que afirma que con la conquista de Navarra por los Reyes Católicos (mentira gorda pues Isabel de Castilla murió en 1504 y no fue hasta 1512 cuando Fernando de Aragón lanzó la ofensiva en Navarra), "España ya era UNA, en el mando; UNA, en la religión y UNA, en el territorio". Que se lo pregunten al rey Fernando, que no quería ni por asomo ver al reino de Aragón en manos castellanas y perdió salud y vida tomando mejunjes para conseguir la potencia viril necesaria para dejar embarazada a su jovencísima esposa Germana de Foix a la que desposó a los 17 años con el fin de que le diera un heredero al que legar el trono aragonés. Si en aquella época hubiese existido la viagra, es probable que esa España UNA a la que se refiere Álvarez hubiera sido DOS (o más).

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02/12/2019
Los conquistadores daban mucho juego, eran unos tipos admirables y desprendidos que conquistaban tierras lejanas "con el fin principal de evangelizarlas y civilizarlas. Con el conquistador iba siempre el misionero; junto a la espada iba siempre la cruz". No veas la admiración que generaban esos aguerridos bienhechores de la humanidad; no sé que hubiera sido de aquellos pobres indios sin recibir nuestro influjo civilizador, tan desprendido de cualquier afán de riqueza como imbuido de la mística hispana. Sus gestas se acompañaban de exaltaciones partióticas y poemas de cuya altura intelectual deja buena muestra el que sigue, escrito por Vital Aza:

DUDA HISTÓRICA

–Dígame usted, don Vicente, 
usted que es tan competente...
–Pregunte usted, don Facundo. 
–¿Cómo es nuevo un continente 
que es ya tan viejo en el mundo?

–Era nuevo; no lo es ya. 
Como creado por Dios 
existía, claro está, 
antes del año mil cua-
trocientos noventa y dos.

Pueblo inculto lo habitaba; 
pero aquella pobre gente 
ni sé cómo respiraba, 
pues el Nuevo mundo estaba 
cubierto completamente.

–¿Cubierto?
–¡No hay discusión!
–¡Hombre, venga una razón!
–Lo dice la Historia y basta.
Estuvo cubierto, hasta
que lo descubrió Colón.

Impresiona, ¿no es cierto? No menos impresionantes eran las ilustraciones que acompañaban a los textos, prueba gráfica indubitable del fervor evangelizador y civilizante de los héroes patrios. 


Además de bonitas fotos de los conquistadores que me venían bien para adornarlos de gafas, bigotes y barbas a los que no las llevaban y para colorearlo con los lápices alpino para dar un poco más de alegría a aquella enciclopedia tan en blanco y negro como la escuela y la sociedad.


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03/12/2019
El anacronismo enciclopédico es patente en el orden en el que desarrolla los contenidos: tras los Reyes Católicos habla de su nieto Carlos I para retornar en el tiempo al Cardenal Cisneros, que ni siquiera vivió su reinado; de ahí da un tumbo hasta la batalla de Lepanto que, naturalmente, se ganó por intercesión de la Virgen, antes de referirse a Felipe II que fue su artífice; de ahí se va al Duque de Alba (que fue militar a las órdenes del padre y del hijo y, dicho sea de paso fue "injustamente calumniado por los enemigos de la religión católica" seguramente sería por eso y no por sus batallas en los Países Bajos) y seguidamente pone a parir a los austrias menores (que, efectivamente, se merecían toda crítica) con una ilustración que no he olvidado nunca y que ha podido simbolizar a España en otras muchas ocasiones.


Un repaso por el Siglo de Oro, poca cosa: Lope, Cervántes y Velázquez, nos lleva hasta la batalla de Trafalgar, con un rey de origen francés, aclara, para que no quede lugar a dudas de que el origen juestifica la derrota; olvidando que Carlos IV era ya el quinto Borbón, aunque fuera de tercera generación, pues antes de él gobernaron su abuelo Felipe V (que sí que era de origen francés), sus tíos Luis I y Fernando VI y su padre, Carlos III, que el hombre había nacido en Nápoles, de donde vino su padre a reinar en España tras la muerte de sus dos tíos. Pero bueno, el caso es que la batalla de Trafalgar aparece en la enciclopedia antes de la guerra de sucesión, menudo follón. Seguramente el autor tenía mucha prisa por incluir la frase de Churruca que sirve de colofón: "Hijos míos: en nombre del Dios de los ejércitos, yo prometo la eterna bienaventuranza al que muera en cumplimiento de su deber", que sonará muy patriótico, pero visto desde el punto de vista religioso suena a pecado contra el segundo mandamiento.

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05/12/2019
Estos días han coincidido encuentros con varias personas que me han comentado el hilo de estos recuerdos; quienes, como yo, llevaron en educación primaria las enciclopedias de Álvarez se hacen cruces acerca de cómo, después de semejantes y burdas manipulaciones, hemos podido salir como hemos salido, que ninguno nos vemos comulgando con los principios de aquel movimiento ni con sus moralinas ni sus artimañas ideológicas; quienes llegaron a la escuela poco después no acaban de creerse lo que cuento; alguno me dijo que "menos mal que teníamos familias", otros que fue gracias a la transición que, si tuvo alguna virtud, fue la de hacernos dudar de todo lo que venía del pasado; incluso algunos, que comenzaron a oponerse al franquismo bien jóvenes, recuerdan que esa militancia era una reacción contra la obediencia a ultranza y la pacatería moral. Sea como fuere, lo cierto es que los destinatarios del adoctrinamiento no éramos nosotros los disidentes, que ya daban por descontados a algunos rebeldes, sino los sumisos. De hecho, gente con la que no he hablado pero a la que he escuchado en bares y otros sitios habituales de tertulia ciudadana, recibieron esa doctrina, la aprendieron de memoria, se empaparon de ella y la sacan en cuanto pueden; ese nuevo nacional-fascismo emergente es la prueba. En fin, seguiré después del puente.


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11/12/2019
Después de unos días de ausencia vuelvo por aquí y vuelvo a saltarme la cronología. Y es que han sido días de viajes (durante el puente) y de más viajes por trabajo (hoy mismo he estado por la mañana en La Almunia y por la tarde en Illueca, predicando en este peregrinaje me me he impuesto en el curso de mi despedida). Me salto la cronología porque antes de entrar en casa me he tomado un vino en el bar de abajo y  encontrado una entrevista a Celia Barrio Marcén en el Heraldo Escolar y no puedo dejar de referirme a ella porque ha tocado la fibra de mis sensibilidades educativas: la poesía, la lectura, los proyectos, la innovación... Y me ha hablado de gente a la que admiro: Chus Juste y su labor en la bibloteca de Zuera, el proyecto "Made in Blecua" (una marca de calidad innovadora por encima de las modas), de Ana Moliné, Kavafis... Celia (Ce Barrio) me ha recordado las razones por las he dedicado toda mi vida a la docencia y quiero, con este texto anacrónico dentro de mi relato, darle las gracias por eso y por recordar que la poesía, siendo de todos, no es de nadie.


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14/12/2019
He dedicado estos días de inactividad a hacer traslado, este "confieso que he aprendido" se muda de blog, desde mi jR2.0 hasta el blog de mi ojo izquierdo: "Empandullo". Es el blog de mi ojo izquierdo porque así se llamaba una columna de opinión que estuve escribiendo hasta el año 94, primero en el semanario "La Comarca" y, después, en el también semanal "La Verdad" hasta su desaparición (así que mi ojo izquierdo es anterior que el de José María Izquierdo, que todos los días, de buena mañana, afila sus dardos en la SER. Las razones de la mudanza es que jR2.0 es el blog donde recopilo recursos educativos propios y ajenos que me sirven para ejemplificar mis predicaciones al profesorado, y como todavía lo utilizo para eso, hay gente que entra buscando un recurso o un ejemplo, se encuentra con mis recuerdos profesionales y se lía. Como no es plan de liar al personal, me vengo a este otro sitio, más personal e intransferible, aquí me encontraréis si todavía no os he aburrido con mis historias.


261

15/12/2019
Ojito a cómo presenta la enciclopedia Álvarez de segundo grado a la primera Constitución española, que tiene tela: "...mientras unos españoles morían en los campos de batalla defendiendo a su Dios, a su Patria y a su Rey, otros formaban en Cádiz unas cortes a estilo francés y aprobaban un reglamento llamado Constitución, al cual tendría que someterse el rey cuando volviera, si quería gobernar" ¡Toma ya! Ya sabemos quiénes tuvieron la culpa de todos los males patrios, oiga usted: los liberales, que eran más malos que malos y que estaban contaminados por las ideas franchutas, mientras que los otros, los absolutistas defendían las tradiciones españolas y la base de su pensamiento era: Dios, Patria y Rey; así que estos malvados liberales provocaron la primera guerra carlista y, como ganaron, ocasionaron numerosos males a España, sus gobiernos fueron calamitosos y aumentó el malestar y la decadencia de España. El rollo es que en la página siguiente habla de la pérdida de las colonias y hay que justificar el asunto de alguna manera.


260

16/12/2019
Resulta que, según Álvarez, Alfonso XIII era inteligente, patriota y virtuoso (que se lo pregunten a Carmen Ruiz Moragas, por ejemplo, una de las muchas amantes que se le conocen al virtuoso monarca). Como no podía ser de otra manera, el golpe de estado de Primo de Rivera fue providencial y, más tarde, como "España caminaba a pasos agigantados hacia el comunismo, y para impedir su ruina, el 18 de julio de 1936, Franco se puso al frente del ejército y del pueblo español y, mediante la guerra de liberación, limpió a España de sus enemigos". No lo voy a comentar, porque se comenta solo. Del llamado "Alzamiento nacional" dice que fue necesario, espontáneo y popular (ya que "fue secundado de una manera entusiasta y decidida por la inmensa mayoría del pueblo español") y, añade, que fue justo porque se produjo "por el bien supremo de España y de los españoles". ¡Qué fuerte! Esa historia construida a base de mentira tras mentira es la que, todavía hoy, sigue vigente para muchos. No pongo foto de acompañamiento, que llevo un gurruño en las tripas que para qué.

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18/12/2019
De lo que dice la enciclopedia del dictador que se apropió de la jefatura del estado español no diré nada, que no es plan de hacer apología del franquismo y menos en estos tiempos, pero sí concluiré diciendo que una de las consecuencias de ese relato histórico trolero y tramposo es una visión de la sociedad española que creó más poso del que pensábamos en una mentalidad socio-política que ha estado latente desde entonces y aflora ahora, en el momento en el que hay una opción política que la represente. Si el franquismo, a través de su sección femenina falangista, propugnaba la sumisión de la mujer al marido y, a través de las leyes, la consagraba, se comprende hoy el negacionismo de la violencia contra las mujeres que llega a extremos (por la parte que me toca como enseñante y que le toca a esta sección) a llevar ante un juez a un profesor que propone a su alumnado debatir sobre un vídeo en el que se ve a Ana Orantes relatar los episiodios de violencia de género que sufrió y que la llevaron a la muerte. Si, como vimos en el capítulo anterior "limpió a España de sus enemigos", se vislumbra el negacionismo de la memoria histórica relativa a los asesinados durante la guerra civil y años posteriores y que supone un nuevo atentado contra su recuerdo. Si leemos la consideración que en los textos se hace de la unidad de España, que se presenta como una nación desde la antigüedad, en un españolismo eminentemente castellano (ya desde la Edad Media), veremos el reflejo de esa incomprensión hacia la diversidad territorial. Si entendemos el trato que se da a episodios como la promulgación de la primera Constitución española en 1812 o la alabanza del absolutismo y de las dictaduras, veremos que el hecho de considerar moderados a los que se oponen a dialogar y radicales a quienes buscan puntos de encuentro subyace desde entonces en la mentalidad socio-política española. Si analizamos el desprecio a cualquier movimiento revolucionario o, simplemente liberalizante, entenderemos esa desmovilización conformista y gregaria. Todo ello cimenta esa involución de la ideología social española que estamos viviendo en estos tiempos cuya base ha permanecido latente durante todos estos años y ha aflorado en el momento en el que ha tenido grupos políticos que la representen de una manera aparentemente aseada, encubriendo con esa especie de muda de domingo, al franquismo más rancio que las sustenta. Así nos contaron la historia española y así la siguen entendiendo quienes no han ido más allá de esa enciclopedia Álvarez que parece dar risa, pero que da mucha pena.

Como el profesor de Baena y en solidaridad con él, pongo el vídeo de Ana Orantes, que mereció, como todas las víctimas una vida mejor y una mayor comprensión tras su muerte.

257

19/12/2019
Ojo al dato científico: "Seres naturales son todas las cosas creadas por Dios". Pues nada, con semejante definición, vas y te haces científico. Aquello que dijo el expresidente Rajoy sobre los catalanes (que son gente y hacen cosas), viene de lejos, se nota que Mariano, también estudió con la enciclopedia, porque los "cuerpos son todas las cosas que podemos ver, tocar, medir o pesar. Una casa, el humo, el agua..." No sé, se me ocurren muchas cualidades sobre el agua, pero que sea una cosa, me deja pasmado. Pero no solo es una cosa, también es un mineral que, por definición, "es un ser que siempre ha carecido de vida", supongo que era imprescindible recalcar lo de siempre no fuéramos a pensar que el manganeso, en otros tiempos, se iba de vinos con el molibdeno. Uno no pretende que en nuestra tierna infancia nos hablaran de Carbonatos, Sulfatos, Halogenuros, Sulfuros u Óxidos e Hidróxidos, pero decir que el agua es un ejemplo de mineral líquido, que el aire es un ejemplo de mineral gaseoso y que, además, hay minerales metálicos y rocas (que son los minerales que no llevan metales), me parece tan inexacto como afirmar que hay tres tipos de agua: la potable, la no potable y la medicinal (el señor Álvarez podría haber añadido la mineral con gas y el agua del Carmen, que tanto gustaba a nuestras abuelas, para acabar de quedarse tan ancho.)



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20/12/2019
De todos modos, y ahora que hablo del agua del Carmen, hay que ver lo que se trasegaba en aquel entonces y desde la infancia. Resulta que una de las meriendas habituales de chicos y chicas era una rebanada de pan con un buen chorro de vino del porrón que lo empapara y bien de azúcar. Que si andabas flojucho o te faltaban las ganas de comer, la quina San Clemente (aquella de "sal al balcón y tira un jamón, mira que viene Quinito, quiero comer, quiero beber y me muero de apetito... Y da unas ganas de comerrrrrrrr") hacía furor entre las madres modernas, que se nos las daban antes de comer para abrir las ganas, con sus 16º alcohólicos (había otras alternativas, como la quina Sansón o la Santa Catalina -que "es medicina y es golosina" y que era la que alguna vez hubo en casa por aquello de que mi abuela se llamaba así-) y, claro, con tanto santo, aquello no podía ser malo. Para completar el panorama, las flojeras (estará creciendo, se decía) se solventaban con una yema de huevo bien batida con azúcar y vino dulce. Menudo panorama si lo valoramos desde el punto de vista actual. Añado que el pan con vino no era diario, que también nos preparaban, esta vez sin alcohol, la nata de la leche azucarada sobre el pan, cosa que también hoy sería escandaloso.


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21/12/2019
Parece ser que el ínclito Álvarez tenía poco mundo y era aficionado a pegarles tiros a los pobres bichos porque para él (y por ende para los abnegados estudiantes que alimentábamos nuestro intelecto con su docta sabiduría) "los animales salvajes viven en el campo y el hombre se sirve de ellos para practicar el deporte de la caza y aprovechar después su carne y su piel". Ya veis, el campo como ecosistema: ni selvas ni sabanas ni desiertos ni mares siquiera, el campo. Y a cazar, que es un deporte estupendo y muy aprovechable, me imagino al monarca emérito zampándose un solomillo de elefante del campo de Botswana por aquello de aprovechar la carne y regalándole a Sofía, Corinna o quien tocase un bonito bolso de piel de paquidermo o una chupa para los días de frío. Como nosotros vivíamos en el campo y nunca habíamos visto pulular por allí leones, tigres o cocodrilos, bichos éstos que el autor ponía como ejemplo de esos animales salvajes que vivían en el campo, algo había que no nos cuadraba. Para más INRI y aunque resulta que "los animales ayudan al hombre a trabajar y le dan su carne, su leche, su piel y sus huevos", pero había otros "como el piojo, la víbora y el lobo que son perjudiciales". Y, claro, aquí surgía el debate y todavía recuerdo a Mininas preguntando sorprendido: "¿Y, entonces, pa' qué los ponen". Ante semejantes muestras de respeto a la biodiversidad nacional, no es extraño que el, por entonces todavía desconocido, naturalista Félix Rodriguez de la Fuente pidiera a través de una carta al director de ABC que el Gobierno de Franco retirara el decreto de 1953 por el que el dictador ordenó extinguir las especies carnívoras, desde lagartos a águilas pasando por lobos y linces.




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22/12/2019
Para la enciclopedia de mis dolores, el alma forma parte de la anatomía humana, de forma que "El hombre es un animal racional compuesto de dos partes: un cuerpo mortal y un alma inmortal", menos mal que no la localiza en ningún logar concreto, que uno puede temerse lo peor. Pero, hete aquí que nuestra patria sí tenía alma y estaba radicada en su bandera, cuya historia palpita en sus pliegues, y es que a épico no ganaba nadie al señor Álvarez que, por cierto, se columpia al definir los símbolos del escudo nacional (el del aguilucho) y dice que "el castillo, el león, las barras, las cadenas y la grandada son otras tantas representaciones de los antiguos reinos de Castilla, León, Cataluña, Aragón, Navarra y Granada. A ver, don Antonio, ¿cuándo fue reino Cataluña? Como no le veo yo a usted mucha pinta de "indepe", sólo me deja dos opciones: o es un desinformado o un informado con mala fe.

Pinchando sobre el mapa puede accederse a una bonita aplicación en flash sobre la expansión mediterránea de la Corona de Aragón

253-252

23-24/12/2019
Confieso que empecé a escribir esto ayer, pero me pudo la nostalgia y no fui capaz de acabarlo.

Las navidades también eran distintas en aquellos lejanos sesenta. Entonces Papá Nöel  todavía no nos había inyectado el virus consumista y preparábamos una Nochebuena sin regalos, pero que siempre era especial. José, mi padre, ya se había encargado previamente de la intendencia que constaba de cardo para primero, ave de corral como segundo y melón de postre. Se practicaba un arte de conservar los melones desde el final del verano hasta Navidad y esa sabiduría la ejercían mi padre, en casa, y el "tio" Octavio, en casa de los Omeñacas (mis vecinos a los que he nombrado no pocas veces); los cito a ambos, como podría citar a tantos, porque a los dos vi hacer el milagro de que un melón, el mejor de las últimas floraciones buenas, llegara hasta diciembre en condiciones idóneas cuando Brasil era solo una referencia en el mapa. En realidad eran varios los melones, pero -casi- todos llegaban. El rito tenía su oficio: elegir melones buenos, grandes y sin mácula, que se pudrirían si la tuviesen, después de tocarles el culo y sopesarlos hasta decidir los candidatos; preparar una especie de jaula de cuerdas desde el culo hasta la corona (y nunca al revés) con un atadillo sobre la testuz para poder colgarlos en algún clavo de las vigas de aquellos graneros en los que, poco más tarde, se curarían los jamones y las pancetas (eran redondas, enrolladas, entonces) o en alguna de las pérgolas de caña que se montaban al efecto: allí pendían los melones como extraños frutos del techo de cañizo y vigas de madera hasta la Nochebuena. El cardo era otro ritual, tapado para que soportara bien el, entonces, frío invierno hasta su cosecha en estas fechas; también había cardo rojo (ahora prácticamente desaparecido) que se consumía en ensalada y que se rizaba al cortar sus extremos y aliñarlo con vinagre y sal, un manjar. El pollo o, mejor, el capón era el plato principal típico, salvo que mi tío Tomás, cuando cambió las vacas por las ovejas, se descolgara generoso con un cordero, hasta que la moda, los tiempos o que era más habitual viajar a una Zaragoza cada vez más cercana, trajo algunos mariscos y moluscos humildes que hacíamos en zarzuela cuando nos juntábamos con mi tío Ángel, y es que mi primo Angelito había empezado a trabajar de pinche en la cocina de la Pepa y, amén de las innovaciones marineras, hasta suflé nos hacía algunas veces para acompañar al melón como postre. Algún turrón, del duro o del blando, no había muchos más (los de chocolate llegarían poco después), rosquillas de sartén y lo que yo llamaba orejones, que eran una especie de empanadillas de masa rellenas de cabello de ángel casero o de canela con azúcar (me encantaban) y no he vuelto a comerlos desde que a mi madre se le acabaron las ganas de cocinar con las de vivir. Después de cenar, pandereta, botella de anís para rascar, zambomba y villancicos hasta la misa de gallo a la que llegaba corriendo para ayudar como monaguillo. Todo regado con vino del porrón y, eso sí, una botella de sidra-champán "el gaitero" famosa en el mundo entero.




251

25/12/2019
Guardo un recuerdo difuso de una de las tradiciones navideñas que la chiquillería celebrábamos con alborozo, seguro que alguien lo recuerda mejor que yo y me ayuda a levantar la niebla de mi memoria. La colación y el "cabodeaño" reunía a cuadrillas de zagales y zagalas que íbamos de casa en casa pidiendo que nos la dieran; la verdad es que a los ojos de hoy, la cosa sería poco correcta políticamente porque el soniquete con el que nos presentábamos en las casas era algo así como: "o me das colación o te tiro la vieja al rincón" y acto seguido: "o me das cabodeaño o te tiro la vieja al caño" (el caño era la bodega, aclaro), y así íbamos llenando nuestros bolsillos de caramelos, barricas de guirlache, peladillas, algún que otro mazapán... La tradición se fue perdiendo con los años o yo me fui haciendo mayor y no la practicaba, aunque la reencontré en la comarca de Calatayud donde en Aniñón y Villalengua todavía se celebra lo que ellos llaman "matalavieja", una denominación tan poco políticamente correcta como nuestra cantinela, aunque  en esos dos pueblos del Ribota y del Manubles, la hacen coincidir con el carnaval.


248

28/12/2019
Hoy son los santos inocentes fiesta que conmemora la matanza de los inocentes por parte de Herodes intentando evitar que aquel supuesto y futuro rey de los judíos pudiera llegar a su edad adulta (lo aclaro por si acaso alguien ha olvidado la historia sagrada tan presente en los textos de la época o ya no le tocó estudiar más religión que matemáticas). Todavía persiste la tradición de las inocentadas, aunque conmemorar una matanza con humor (o gamberrismo, que de todo hay) no sé si es muy correcto, pese a comprender que la tradición se ha quedado más con el concepto de inocente que con el hecho. El caso es que de zagales nos dedicábamos a preparar nuestras inocentadas y a mantener nuestras alertas listas para evitar caer las trampas que otros nos iban a tender, aunque siempre caíamos en la más fácil, cuando tu padre o tu abuela te preguntaban aquello de: "¿cuántas inocentadas te han hecho" a lo que tú respondías ufano: "ninguna"; la respuesta era "no he visto un burrico con tanta fortuna". Entonces no nos llegaban las noticias falsas por la tele (no tele hubo en casa hasta mis 10 años), en todo caso, alguna por la radio, que era el medio de comunicación preferido... Qué cosas que las noticias falsas se dieran entonces el día de los inocentes, y es que, durante el franquismo, la ocultación de la realidad era la gran inocentada, la verdad no se contaba, sólo se escondía; ahora las fake news no sólo están a diario en las portadas de los periódicos y en las cabeceras de los informativos sino que hemos sucumbido a la conversión en verdades de las mentiras que queremos oír y así malbaratamos nuestra ansiada libertad de entonces por las trolas y engaños de nuestros afines y así, llenándonos los oídos de falacias elegimos a quienes nos los regalan para que nos gobiernen y el mundo se nos llena de líderes elegidos democráticamente desde la farsa: nos defraudaban entonces y nos defraudamos ahora. Y así nos va... ¡Ay, inocentes, inocentes! (o gilipollas).


247

29/12/2019
Quien piense que twitter es un invento moderno está muy, pero que muy equivocado. En mis tiempos de crío, cuando todavía creía en los Reyes Magos andaba, igual que mis colegas, revolucionado en los días previos a la Epifanía con el pajarito (pajarico para nosotros) Pinzón. Este personaje radiofónico entrometido y alcahuetillo, gorjeaba (twiteaba) a la locutora de Radio Zaragoza Pilar Ibáñez, las andanzas de la zagalería y ella las traducía poniéndole nombres y apellidos de forma que toda la audiencia de la emisora se enteraba de que fulanito de tal era un poco vago y no hacía las tareas, menganita de cual mentía de vez en cuando y no era obediente o que zutanita de pascual era una niña modelo de virtudes. Y es que el tal Pinzón andaba volando de aquí para allá, espiaba por las ventanas el comportamiento de niños y niñas para piárselo todo a la locutora que radiaba el asunto. Y allí nos tenías a todos, escuchando la radio en los días previos a Reyes, temblando por si salía nuestro nombre en la lista del pájaro acusica y aliviados cada tarde cuando no habíamos sido nominados ni para mal ni para bien. Para más INRI, la gente adulta del pueblo, especialmente las tías, pero también la tribu entera (que el pueblo educaba como esa tribu entera a la que se refiere el proverbio africano como necesaria para educar a un niño) te iba recordando aquello de "mira que te va a ver el pajarico Pinzón", y tú quieto en la mata para conseguir llegar a la noche de Reyes si no sin hacer ninguna zalagarda, que siempre las había, por lo menos intentando que el ave soplona no te viera. Menos mal que en casa no había teléfono ni demasiado tiempo para escribir a Radio Zaragoza pues como los Reyes Magos, Pinzón tambien eran los padres y madres, que escribían a Pilar Ibáñez contándole las miserias de sus hijos con el fin de que las radiara a ver si se portaban bien; de esta manera, con el escarnio público de otros, los demás andábamos medio controlados. ¡Bendita inocencia y maldito control!


246

30/12/2019
La mitología popular de entonces decía, a través de mi padre, que día como hoy de hace tantos años llegaba el hombre o la mujer con tantas orejas como días tiene el año y me mandaba a corretear por la calle a ver si lo encontraba. A esas alturas (y a pesar del maestro) ya sabíamos que el año tiene 365 días (366 si era bisiesto, aunque no acabáramos de entender demasiado bien cómo podía nacer alguien un 29 de febrero y cumplir un año cada cuatro, que era el gran debate de los bisiestos), así que la imaginación nos llevaba a crear personajes míticos a los que colocar semejante cantidad de orejas que no les cabían en la cabeza. Pese a que buscábamos por las calles, sólo encontrábamos personas con dos orejas, más o menos grandes, más o menos de soplillo, pero con dos; la mayoría gente conocida, aunque si caía por el pueblo algún forastero, cosa rara en esos tiempos, lo observábamos con atención por si acaso las orejas se escondían fuera de la cabeza, pero nada. Cuando le decía a mi padre que me había engañado, me decía que no, que buscara y yo seguí buscando cada 30 de diciembre hasta que entendí que el año, ese año en concreto, sólo tenía dos días y el hombre o la mujer, sólo dos orejas, tantas como el año... ¡Qué duro resulta ser niño y aprender todas esas sutilezas adultas!


245

31/12/2019
Pues sí, como me decíais ayer a través de facebook, si el día 30 de diciembre no habías visto al hombre que tenía tantas orejas como días el año, el calendario te daba una segunda oportunidad para ver a otro ser extraordinario: el hombre que tiene tantas narices como días tiene el año, otra figura mitológica que se mantiene en algunos sitios, como en la riojana Arnedo, donde se recuperó en los años 90 y, según me dice Chaume Rebenaque, en Maella y la zona del Matarranya, conocido como el home dels nasos. Es curioso que, como en mi caso, todos los que habéis comentado mi entrada de ayer del hombre de las orejas, habláis de que era vuestro padre quien anunciaba la visita del ser legendario. Ahora que lo pienso, tal vez hubiera tenido más sentido, por atenerse a la literalidad de la frase, que el personaje de las narices llegara el 1 de enero con su única nariz (tantas como días tiene el año) y el de las orejas el 2 de enero por la misma razón. Sin embargo, investigando un poco sobre esta figura, que parece extendida, al menos, por Aragón, Catalunya, Navarra y La Rioja, su simbolismo es el inverso: el paso de los días, de forma que, como si de un almanaque se tratara, cada día que pasa pierde una de sus orejas o una de sus narices, según el caso y que se presenta en las postrimerías del ciclo anual con una sola nariz, habiendo dejado las demás por el camino de la vida anual. Bueno, pues a ver si lo veis antes de las doce campanadas y, lo encontréis o no, feliz año nuevo.


245

1/1/2020
Repito día porque acabo de darme cuenta, en esta (redundante) cuenta atrás, que 2020, como aquel 1960 en el que nací, es bisiesto. Hoy toca arrancar la portada del almanaque, ese calendario diario de taco que ya habita en el seno del olvido. Algún día del mes de diciembre, más cerca que lejos de las navidades, me asomaba a la calle cuando escuchaba la cantinela anual: "¿Quién me compra el calendario o taco para el año que vieneeeeeeee?" Garrampas era uno de aquellos buhoneros que recorrían los pueblos para ofrecer su género; no recuerdo nada más de su aspecto que las convulsiones que le sacudían de vez en cuando (de ahí el sobrenombre de garrampas) y la voz aguda con la que pregonaba por las calles de Villafranca su cantinela mil veces repetida "¿Quién me compra el calendario o taco para el año que vieneeeeeeee?". Y es que Garrampas, cuando yo era un zagal, era vendedor ambulante y callejero de almanaques. No sé si mi madre le compró alguna vez, en casa ya teníamos el de San Antonio que llegaba con la suscripción al mensajero, pero los finales de año los relaciono con la presencia de Garrampas voceando su mercancía por el barrio bajo, el mío.

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244

2/1/2020
Pero no era Garrampas el único ambulante que aparecía periódicamente por el pueblo, algunos eran fijos, como la visita semanal de los pescaderos de Santa Isabel, que recorrían las calles con una vieja furgoneta (yo diría que era una una DKW Auto Unión): el marido conducía el vehículo que iba con las puertas traseras abiertas dejando un rastro del agua proviniente del deshielo de los bloques que servían para mantener fresco el género y albergaba un mostrador de pescados de cuya administración se ocupaba su mujer; caminando por la calle, la cuñada iba de puerta en puerta, por si no habíamos escuchado los insistentes pitidos anunciando su presencia y, en ocasiones, recogiendo los pedidos; no había mucha variedad, pero era la única oportunidad de comer pescado: casi siempre "la anchoa" que yo me comía cruda al primer despiste de mi madre o de mi abuela, "la sardina", "la congelada" o la pescadilla. Otra visita habitual era la de los hermanos Esteban, en realidad conocidos como "los de Movera", que se ocupaban del textil en general, algunos productos eran de encargo, por catálogo, y otras prendas se adquirían directamente en la furgoneta y se probaban en casa: vestidos, batas, camisas o pantalones, los llamados géneros de punto, ropa interior de hombre o mujer, ropa de cama y, sobre todo, retales para confeccionar prendas de costura, toldos para las puertas (imprescindibles durante el verano), tela para cortinas y aquellas piezas colchoneras de rayas anchas o estampadas de damasco; y es que aquellos colchones de lana que nos cobijaban en las frías noches sin calefacción había que destriparlos todas las primaveras, lavar la lana en el lavadero público, que estaba al lado de casa (el incesante peregrinar de mujeres que bajaban al lavadero, con sus baldes en hábil equilibrio sobre la cabeza con la ayuda de un trapo enrollado y pozales en la mano, se multiplicaba en primavera con la colada de lana y mantas), secarla sobre un cañizo, varearla para dejarla bien mullida, volverla a colocar sobre su rayado envoltorio, extendido en la estancia más grande de la casa, coser la funda con la aguja saquera y rematar pasando las trenzaderas por los ojales preparados al efecto para facilitar el mullido y ya estaba listo para darnos un sueño acogedor otro año más; había colchoneras que se encargaban de esa faena, aunque en la mayoría de los casos, la tarea la hacían las mujeres de casa, mientras que los hombres solían colaborar en el vareo y los chicos estorbando en todas esas faenas que ahora han quedado relegadas a representaciones de la vida antigua de aquellos años.



243

3/1/2020
Otro buhonero habitual era un hombre que iba cargando su bicicleta de pieles de conejo a medida que pasaba por las casas; los que, como nosotros, criábamos bichos en el corral (el mío era una especie de arca de Noé con cerdos -el de casa y la tocina paridera-, vaca, perro, gatos, burro, palomas, patos, pollos, conejos...), después de despellejar el conejo (bien para comer bien para vender) tirábamos la piel contra la tapia del corral, donde se quedaba pegada, para que se secara y cuando llegaba aquel hombre enjuto y alto con la pernera del pantalón remetida dentro del calcetín para poder pedalear con comodidad, le dábamos las pieles a cambio de agujas o imperdibles, un negocio precario que no podía reportarle muchos beneficios a aquel esforzado ciclista, como tampoco nos los reportaba a nosotros, pero la economía del trueque era así. De vez en cuando aparecía un afilador anunciándose con el sonido característico de su chiflo, una especie de flauta de pan que producía el aviso inconfundible; los he conocido con tarazana (esa rueda de afilar que servía a la vez para transportar el taller integrado y, una vez volteada para apoyar el caballete, como pieza de tracción manual de aquel engranaje que hacía girar el disco de piedra esméril con la que se afilaban los cuchillos, las tijeras y alguna estralica (hacha); más tarde el medio de transporte y el de tracción de la piedra de afilar fue la bicicleta y, mucho después, la moto; en cualquier caso, aquellos afiladores que venían de Orense eran todo un espectáculo para nuestros asombrados ojos de niño ante el torrente de chispas que producía el contacto del acero con la piedra. Más de tarde en tarde aparecía el ¡estañador y paragüerooooooooo! quien armado con su lata de carbón rusiente y humeante, su cautín (con forma de pico que se calentaba en la lata) y su barra de estaño, apañaba los boquetes en pucheros y cacerolas aplicando el pico del cautín sobre la barra de estaño que se licuaba para tapar convenientemente el agujero. Y es que en aquella economía de subsistencias, la obsolescencia no existía y de la misma manera que se zurcían los calcetines, la ropa de diario o los boquetes de los sacos, se reparaban los pucheros o los paraguas, como objetos de lujo que eran y sólo se tiraba aquello que no admitía ni un remiendo más.


242

4/1/2020
Tal día como hoy, la chiquillería andaba revolucionada esperando mañana la noche de Reyes: que si habrán llegado las cartas; que si papá, ¿tenemos panizo?, que había, vaya que si había en el granero y en el silo de la era, donde ponía mis cepos para gorriones; que si ¿qué les has pedido tú?, pues yo esto... Años más tarde, cuando constituimos la asociación cultural Villarromana, estaríamos de preparativos de la cabalgata de reyes (en realidad un remolque montado a modo de carroza), todo un acontecimiento que íbamos montando en el almacén de Aurencio Omeñana, algunas veces bajo la batuta de Carmelo Bes y otras a nuestro aire. Antes de escribir la carta, como no había catálogos como ahora ni tele en casa para ver los pocos anuncios de juguetes (incluso el archiconocido de "las muñecas de Famosa se dirigen al portal" era de los años 70 y todavía no he llegado a esa época), si daba la coincidencia de que pasábamos por Zaragoza, hacíamos una visita a la segunda planta del Sepu, en la calle Torrenueva, frente al mercado central, a la que se subía por las primeras escaleras mecánicas que hubo en Zaragoza o al Bazar X en el coso y mirábamos embelesados los juguetes allí expuestos: toda suerte de armamentos y muñecas, pistoleros de plástico, trenes de hojalata... tomando buena nota de todo para intentar acertar con una carta que era, necesariamente, escasa en peticiones: una pistola o una espada o unos juegos reunidos geyper, pero eso sí, un juguete solo. En fin, ya veremos a ver qué me dejan mañana por la noche.



240

6/1/2020
La noche anterior no había manera de que nos metieran en la cama; una vez dispuestos, en la ventana del comedor, los zapatos, el panizo para los camellos y dulces diversos para los reyes magos: algún polvorón, turrón del duro y del blando (ese para Melchor, que era el mayor), la botella de moscatel, la duda de si Baltasar, que era negro, comería lo mismo que los demás... ¡Qué nervios! Al final caíamos rendidos pese a nuestros intentos de dormir con un ojo abierto, por si había suerte y podíamos ver a los reyes, pero nada de nada, salvo que nuestra imaginación nos hiciera entrever el extremo de una capa o escuchar los cascos de los camellos en la calle. Madrugábamos todo lo que nos permitía nuestro sueño inquieto y descubríamos ese botín mágico de uno o dos regalos que nos habían dejado los reyes por haber sido muy buenos y habernos portado muy bien, que era lo que habíamos afirmado en la carta. Y a la calle enseguida, todavía de noche, a llamar a los vecinos o después de que ellos me llamaran a mí: recuerdo un duelo a espadas, todavía a oscuras con mi vecino Carlos o con Javi o con los dos.

No recuerdo mis primeros regalos de reyes, pero a juzgar por las fotos de la época serían un perro lanudo con ruedas que llevaba un cascabel colgado de un lazo y un triciclo, era cuando todavía no sabía escribir la carta a sus majestades y aún vivíamos en casa de mi abuela, donde mi madre tenía la peluquería.


Tampoco recuerdo todos los regalos que fui pidiendo a lo largo de los años, aunque sí que guardo algunos recuerdos, desordenados, eso sí: indios y vaqueros, desde luego, para jugar con mis vecinos a los que su padre, Aurencio, había construido un precioso fuerte de madera que ríete tú del fuerte Comansi; la imprescindible baraja de familias; los juegos reunidos Geyper de 25, algunos de los cuales nunca llegué a utilizar como la perinola que, en principio, servía para jugar al "quita y pon" y en la que escribimos a lápiz y en la parte trasera de cada uno de los lados de su forma hexagonal unos, equis y doses para que mi madre hiciera la quiniela a medias con mi tío Ángel (dos columnas, una mi tío que era el que sabía de fútbol y la otra mi madre, a suertes, aunque haciendo trampa para ponerle ganando al Zaragoza).



También hubo una pistola que disparaba un tapón de corcho, un sable de plástico que se dobló bajo la empuñadura a las primeras de cambio, un coche (850 coupé) teledirigido con cable, eso sí...




Y, a partir de un cierto momento, libros, sobre todo los de la colección "historias selección" de la editorial Bruguera y que combinaban el texto con el cómic: Genoveva de Brabante, a la que le pasaban no sé cuántas vicisitudes; Fray escoba, tan bueno el hombre; la isla del tesoro, veinte mil leguas de viaje submarino, la cabaña del tío Tom, Ben Hur, Quo vadis?, los tres mosqueteros, Miguel Strogoff, Robín de los bosques, los últimos días de Pompeya, Quintín Duward, Ivanhoe, un capitán de quince años... Muchos títulos fueron completando aquella colección que me aficionó a la lectura y a la que iban contribuyendo mis padres, mi tía Mercedes, mis propinas...


Buscando las imágenes, me he quedado sorprendido porque amén de los juegos reunidos o la baraja de familias, que son fáciles de encontrar, me he topado exactamente con mi sable y su funda, mi pistola que disparaba corcho con su cartuchera y hasta mi primer y único coche teledirigido.

239

7/1/2020
Hoy es día de vuelta al cole, así que me siento en mi pupitre con pocas ganas y abro mi enciclopedia Álvarez por la parte dedicada a la formación político-social y compruebo que la correspondiente a los niños de tercero y cuarto cursos del periodo elemental no era la misma que la que correspondía a las niñas, ni siquiera se llamaba de la misma manera, ya que, en el caso de las chicas, lo familiar sustituía a lo político y su formación era, pues, familiar y social, de acuerdo con los usos de la época en la que, no lo olvidemos, mientras los hombres adquirían su mayoría de edad a los 21 años, las mujeres lo hacían a los 25 y con sus limitaciones en su capacidad de obrar política y administrativamente de forma que, hasta 1981 debían contar con el permiso de su marido para poder trabajar, cobrar su salario, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar su pasaporte, el carné de conducir..., mientras que las mujeres solteras no podían emanciparse sin el consentimiento paterno. Por eso, a los chicos se nos enseñaba el significado de las banderas (porque había tres a falta de una: la nacional, la de la falange y la tradicionalista; los escudos (porque había dos: el nacional del aguilucho y el yugo y las flechas) e himnos diversos: el nacional, ese que ahora no tiene letra, el "nacional" de la falange (o sea, el "cara al sol"), el de los requetés tracicionalistas, el del frente de juventudes y hasta el de la legión, ese himno que pasó de los cabarets a los desfiles.

238

8/1/2020
A los chicos se nos aleccionaba con la grandilocuencia patriótica propia del régimen, así nos explicaban las razones de aquella España UNA, que no entendía de pluralidades; GRANDE, para volver a ser respetada en el mundo (redacción curiosa que reconocía implícitamente que en aquel momento no lo era), y LIBRE (España respecto a los demás países, no los españoles, claro). La explicación del grito de ¡Arriba España! era de lo más peregrina, y es que no se decía sólo ¡viva! porque "vivir se puede vivir bien o mal", lo que transcrito al caso patriótico significa que "la Patria puede vivir pero, al mismo tiempo, ir camino de la muerte". Así que decir, gritar más bien, esa consigna expresaba la decisión de elevarla "hasta la cumbre de su grandeza" y una manera de honrar a quienes murieron con esa frase en la boca. ¡Tremenda enseñanza para chavales de 10 años! Lo mismo que el grito (entonces todo eran gritos, de eso han debido de aprender sus descendientes de la reciente investidura presidencial) ¡Presente! que se profería en memoria de sus caídos, de los que nos daban una lista de falangistas, no había más caídos en esta barbarie.
Como tremenda y bárbara era la historia de Guzmán el Bueno, que tiró su propio puñal para que mataran a su hijo ("y otros cinco si los tuviese") sin rendirse al chantaje filial para rendir la plaza de Tarifa; y es que el hombre (¡Qué grande y que hermoso es darlo todo por la Patria! ¡Honor a los héroes!) sería un patriota, pero como padre daba una grima... A este héroe se le sumaban San Pelayo, martirizado por Abderramán III (y que daría nombre a los Pelayos o juventudes carlistas tradicionalistas y, posteriormente, junto con los flechas pasaría a la OJE -organización juvenil española-. No hay que confundirlo con don Pelayo, el supuesto iniciador de la supuesta reconquista), acompañado por El Cid y, sin solución de continuidad, por José Antonio y "el caudillo". Vaya colección de personajes representativos del espíritu nacional: un héroe parricida, un santo, un mercenario, un fascista y un golpista y posterior asesino.


236

10/1/2020
Las celebraciones también venían pautadas en la enciclopedia, al menos las que tenían al régimen como referencia, como el día de la Hispanidad al conmemorar el descubrimiento ("la unión espiritual") de América adonde llevamos "adelantos de todo género" y con cuyos indígenas "nos unimos en matrimonio" y, por ende, "surgió un amor recíproco...que ni el tiempo ni las fronteras han sido capaces de destruir; no se puede ser más elocuente ni más capcioso. El 1 de octubre se celebraba el día del Caudillo, ese hombre que "consagró su vida a la Patria" de forma tan meritoria "que todo buen español le es deudor de cuatro cosas: gratitud, cariño, respeto y obediencia"; total, nada, cuatro cosas para alguien que gobernó durante cuarenta años enriqueciéndose a costa de la miseria de los españoles (véase el informe que publicó el diario.es). El 29 de octubre era el día de la fe, pero ojo, no la fe religiosa, aunque el franquismo fuera en si mismo una religión, sino la fe en el resurgimiento de la grandeza española, ¡qué cosas! Si el día de la fe conmemoraba una declaración del falangista José Antonio, el 20 de noviembre conmemoraba (a la vista de lo que se ha sabido después acerca del interés del caudillo en su desaparición podría decir celebraba) la muerte del líder de falange bajo el epígrafe "el día del dolor", como dolorosa era también el recuerdo al estudiante caído el 9 de febrero. El 1 de abril era el día de la victoria (o de la canción) y allí que nos tenías, en el patio cantando los himnos correspondientes a las tres banderas. Finalmente el 30 de mayo se celebraba San Fernando, patrón del frente de juventudes y allí nos tenías cantando otra vez ante las banderas, esta vez el "prietas las filas" tan juvenil él para que el rey-santo  "interceda ante el Todopoderoso para que la juventud española sea cada vez más virtuosa". Menudo plan.


234

12/1/2020
Mientras a los chicos nos educaban en el ferviente patriotismo a base de himnos, banderas y personajes de relumbrón, a las chicas les cambiaban una palabra en el enunciado de la materia y en vez de nuestra formación político-social (como aquella brigada que perseguía a rojos, masones y otros desafectos al régimen), ellas recibían, primero, formación familiar y social, como correspondía al destino que el franquismo les reservaba y, ya en otra asignatura, formación política. Para ellas la escuela era "la casa común" y su jefe, la maestra que ha de ser "la persona más querida de este mundo" porque conseguía que las chicas se convirtieran en mujeres ejemplares y de vida decorosa. Estas ejemplares mujeres nos mandaban y nos castigaban por nuestro bien y  sufrían "al ver que las niñas no comprenden ni aprecian su trabajo", tirando ahí de la fibra sensible que se les supone a las féminas. He de decir que ¡ojalá mi escolarización hubiera sido con doña Araceli en vez de con don Tomás!, pero claro aquella escuela segregadora donde los maestros enseñaban (o no, como en mi caso) a los chicos y las maestras, a las chicas no permitía que doña Araceli hiciera cosas por nuestro bien, pero sí que don Tomás no hiciera nada, por nuestro mal.

Aunque no se ve mucho y no lo he encontrado más grande, estas son las "carreras" que la sección femenina reservaba a las mujeres: secretaria, modista, comisionista o representante, institutriz, maestra, practicante, esteticista, telefonista y, al final, aparece un genérico "carrera universitaria". Una pena que no puedan leerse los textos que acompañan a la ilustración, que tienen que ser tela marinera

233

13/1/2020
Mientras los chicos podíamos estar hechos unos zaforas con tal de que nos supiéramos himnos y consignas patrióticas, a las chicas se les imbuía el hábito del orden porque el desorden "es fuente de todo género de males" y eso que se referían al desorden doméstico y no al social. Mis cuadernos iban manga por hombro, pero, claro, a mí no me dijeron nunca aquello de "¡Qué buen efecto hace un cuaderno con todos sus ejercicios bien ordenados y dispuestos!", excusa para añadir a renglón seguido: "¡Qué buen efecto produce una casa dirigida por una mujer que desde niña aprendió a ser bien ordenada!" Amigas mías, vuestro destino estaba cantado hasta en la enciclopedia, que añadía al hábito del orden el de la limpieza, hábito que toda niña debe adquirir desde pequeñita porque "los muebles llenos de polvo y las habitaciones sin ventilar son peligrosísimos depósitos de microbios". Mientras que a ellas se les advertía que se lavaran las manos antes de comer y se cepillasen los dientes a diario, a nosotros o se nos daban por supuestas esas sanas costumbres o se entendía que la condición de guarro era inherente al varoncito patriota. Además, las chicas tenían que ser humildes y acatar su condición, no de chicas (que también) sino de poco pudientes, porque no importa que los vestidos "sean pobres y remendados con tal de que vayan siempre limpios". Y es que el franquismo las quería pobres (que entonces ricos eran cuatro), pero escoscadas con esos dos elementos tan asequibles como el "agua y aire puro, las dos cosas más baratas del mundo (...) para la conservación de la salud (...) y para que una niña sea limpia, sana y atractiva".


232

14/1/2019
Además de escoscadas, las chicas tenían que esforzarse en ser amables y simpáticas, complacientes y cariñosas, pero ojo, no cuando les saliera, sino "siempre dispuestas a renunciar a nuestros deseos en beneficio del prójimo", porque las personas amables no son "ni envidiosas, ni vanidosas, ni criticonas", tres graves defectos "que las niñas debemos evitar si queremos ser simpáticas". Si el contenido de la lección 4 puede resumirse de esta manera, podemos hacernos una idea del concepto que el misógino Álvarez tenía de nuestras compañeras (sus camaradas por usar la jerga falangista) de escuela, que no de aula, esas chicas con las que nos relacionábamos de una manera natural en la calle y de las que nos separaban en la escuela, en el patio y hasta en los contenidos educativos. También se les decía que debían buscar buenas compañías porque "nada peor que las amistades si éstas son malas" y para evitarlo les recomendaban "investigar discretamente sus cualidades morales" antes de hacer una amistad y no confiar en ella hasta estar seguras de sus virtudes y de su lealtad porque, queridas amigas: "Dime con quién andas y te diré quién eres".
Menos mal que la lección sexta trataba de fomentar el espíritu deportivo femenino, lo que pasa es que lo que yo suponía dedicado al ejercicio del sano hábito de la actividad física se descuelga con algo así como: "toda persona tiene derecho al descanso y las niñas no vamos a ser una excepción", a lo que añade: "después de cumplir nuestros deberes caseros y escolares, tenemos perfecto derecho a descansar". Así que nada de vaguear, queridas niñas, primero los deberes caseros (así os vais acostumbrando a cumplir la obligación sacrosanta que el régimen os tiene reservada) después, los escolares y, cumplidas vuestras obligaciones, a descansar, que os lo habéis ganado (siempre que, a la vez, hayáis sido amables, simpáticas, complacientes y cariñosas). Para ese merecido descanso propone el juego que, sin objeción alguna por mi parte, "es una fuente de provechosas enseñanzas" porque, como dice el refrán "en la mesa y en el juego se conoce al caballero". ¡Toma ya! ¿pero no estábamos hablando de chicas? ¿qué pinta aquí el caballero? Si sigo leyendo, me aclara la duda porque los juegos tienen que estar presididos por el espíritu deportivo que se traduce en que, cuando juguéis, no tenéis que ser envidiosas ni tener afán de protagonismo ni ser mandonas... Vosotras diréis, pero me parece que el redactor de la asignatura no tenía demasiada confianza en el género femenino ni en vuestra predisposición al deporte (salvo en espíritu, claro).
El caso es que yo os veía jugar en el patio y en la calle a la comba, a la goma, al tejo, al corro, al chichibolo (un pie, otro pie, una mano, otra mano...), al pañuelo, al balón prisionero o aquellos juegos de paseo en los que os poníais en dos filas e ibais pasando por el interior bailando con los brazos en jarras; juegos que se acompañabas de aquellas canciones infantiles ("el patio de mi casa", "que llueva", "la barca"...) y no tan infantiles, que algunas hablaban de novios y casorios como aquella viudita del conde Laurel que quería casarse y no tenía con quien. El caso es que, mientras tanto, nosotros jugábamos a otros juegos, nos insultábamos, nos pegábamos, nos cabreábamos, pero nadie nos llamaba envidiosos ni vanidosos ni criticones ni protagonistas ni mandones, ni siquiera brutos o badajes (que era como lo diríamos en el pueblo).


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El ramillete de cualidades que debería de reunir la niña perfecta se va completando, ya sabemos que tenía que ser limpia, amable, simpática, complaciente, cariñosa, con espíritu deportivo... Con la familia tenía que ser cortés; en realidad la cortesía era con los abuelos, primos o tíos, porque con los padres podía ser cariñosa, amén de respetuosa y obediente y no tener celos ni envidias de los hermanos. A los criados las niñas tenían que tratarlos como seres humanos que son, sin abusar de su "humilde condición" y sin "mortificarlos con mandatos caprichosos". Y es que, en aquellos tiempos de penurias, las mujeres jóvenes o no tan jóvenes de las familias más humildes tenían que ponerse a servir (que así se llamaba) en las casas más pudientes, y no estoy hablando de clases sociales elevadísimas pues, cuando poco había, la línea entre servir y ser servido era muy estrecha: algún campo más, una tienda... marcaban la diferencia. Algunas jóvenes servían en el pueblo, otras se iban a Zaragoza, que estaba cerca y allí se quedaban de internas e, incluso, a Barcelona, aunque esa emigración fuera de Aragón era más típica de pueblos más alejados de la capital.

En la calle, "toda niña bien educada caminará siempre por la acera de su derecha y con toda compostura; no molestará a nadie con sus gritos, juegos o precipitación (...) y no se entretendrá martirizando a los animales o estropeando plantas". Eso por si no había quedado claro lo de la compostura, y yo que pensaba que los que nos metíamos con los animales o las plantas en aquellos tiempos éramos los chicos. Pero sigue: "...y cuidará mucho de no discutir en voz alta, pues eso demuestra una pésima educación", sólo le falta añadir: <i>¡gritonas, que sois unas gritonas!</i>. Y, eso sí, "procurará que su manera de andar y sus modales sean puramente femeninos, pues sólo así, cuando sea mujer, logrará sobresalir como tal", eso será que las mujeres sobresalen por sus andares puramente femeninos y no por otras capacidades.

Para acabar, en el templo, nada de distraerse, hablar, hacer señas o reírse porque "casi siempre son pecados graves (...) no olvidemos que Dios está observando constantemente y que llegará el día en que le tengamos que dar cuenta". Y así hemos llegado, acabando la segunda década del siglo XXI con gente empeñada en regresar al punto de partida:



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Hoy es San Antón, de los llamados santos barbudos que se celebran durante el mes de enero, era el que festejábamos en mi Villafranca, con hogueras (augueras), como corresponde. A otro de los santos que también tiene sus hogueras, San Blas, cuya festividad es el 3 de febrero, lo recordábamos durante todo el año y de otra manera: cuando pillábamos a algún colega agachado, lo saltábamos o le pasábamos la pierna por encima mientras decíamos: "San Blas, ya no crecerás más", que formaba parte de nuestras bromas infantiles. Esa mañana, seguramente me habría saltado un rato de escuela (con permiso, claro) para ayudar en la misa de bendición de los animales, que entonces no eran perrillos vestidos de bailarina o con impermeable de cuadros escoceses, porque los animales de entonces eran un bien económico donde el tocino que nos daba de comer era el rey.
Días antes de San Antón, íbamos por los cajeros de las acequias a buscar cañas, buenas cañas bien largas y gruesas, verdes y flexibles que pelábamos a conciencia y que nos servirían a modo de pértigas para saltar las hogueras; las había en cada barrio, donde los vecinos apilaban la leña durante el día para que la nuestra fuera la más grande (o así nos lo parecía a cada uno de cada barrio, y así era, pues estábamos en la nuestra cuando se encendía y visitábamos las demás cuando se estaban consumiendo) en una especie de competición que generaba no pocas discusiones al día siguiente en la escuela (cuando conocí la hoguera de San Valero en Ruesca, que es enorme y sobresale de los tejados del pueblo, pensé que era la madre de todas aquellas de mi pueblo). La hoguera se encendía al anochecer y congregaba a todos los vecinos en torno a ella, con las primeras brasas se ponían a asar patatas y cebollas, que a mí me encantaban con su chorro de vinagre, aceite y su pizca de sal y que, una vez asadas, se ponían en aquellos platos metálicos esmaltados de color blanco con borde azul para que se conservaran calientes. Siempre había alguna bola o morcilla, chorizo, panceta o longaniza de la reciente matanza para echar a las brasas. Para postre, mi padre había preparado unas cuantas pinochas de panizo pajaretero que sembraba todos los años especialmente para ese día y mi madre ponía la sartén tapada en la hoguera ante la expectación de la chiquillería ante las explosiones de los granos antes de transformarse en palomitas. Tampoco podía faltar la cancioncilla de San Antón:

San Antón tiene un tocino
que le dan sopas y vino
y le llaman borrachón.
¡Viva la gaita de San Antón
Viva la gaita de San Antón¡

En algún momento, mientras los adultos charlaban al amor de la hoguera, dándose la vuelta de vez en cuando, porque ya se sabe que las hogueras sólo calientan por un lado, la zagalería partíamos a recorrer las otras hogueras (esas que siempre eran más pequeñas que la nuestra) armados con las cañas para saltarlas, aunque los había, como Carlos el Redondico (vecino de hoguera un poco más arriba), que se atrevía a saltarlas sin caña; no todo el mundo salía indemne de aquella aventura y quien salía chamuscado sería objeto de atención y alguna chanza al día siguiente en la escuela. Procurábamos volver a nuestra hoguera para recibir a los visitantes de otros barrios y discutir con ellos que la nuestra era más grande y allí seguían nuestros padres y abuelos, congregados al fuego, disfrutando con las ocurrencias de la tia Julia y de aquella vida en común que daba la vecindad en una sociedad de puertas sin cerraduras y convivencia en la calle.






17/1/2020

227


Me sobrepasa la razón por la cual las chicas tenían clases de higiene y a nosotros, que siempre hemos sido, en general, más guarretes, se nos dejaba en el desamparo higiénico, así que ni se nos  decía "que sean siempre el agua, el jabón. el aire, el cepillo de dientes y el peine vuestros mejores compañeros" ni se nos advertía que "la persona que carece de higiene despide con frecuencia mal olor y ello constituye un atentado contra los derechos de los demás", que derechos tendríamos pocos, pero ahí estaba, inalienable él, el derecho a no oler la peste del prójimo. De todos modos, visto lo visto y olido lo olido, ahí seguimos en pleno siglo XXI. Me hace gracia, por su redacción, que no por su presencia, el párrafo dedicado al cuidado del pelo: "Evitemos también la caspa y la residencia en la cabeza de bichos inmundos, llevando siempre el cabello limpio y bien peinado, pero tengamos en cuenta que el abuso de la colonia y de la brillantina, así como el mojar demasiado el pelo, suele acarrear la caía prematura de éste". No es mal consejo en tiempos casposos y de parásitos inmundos en la cabeza y en la sociedad. Amén de que la ropa interior de las chicas debía ser preferentemente blanca y suave, se les recomendaba que "debemos mudarnos todas las semanas", eso sí "si es posible con más frecuencia". Así que la muda semanal era la norma, pero los zapatos hay que limpiarlos diariamente y cuantas veces sea preciso porque "no va bien vestida la que va mal calzada y va mal calzada la que lleva los zapatos sucios", como corresponde a la mentalidad cuartelera de aquella España en la que "la ropa exterior podrá ser humilde y, si queréis, remendada, pero que esté siempre limpia". 




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20/1/2020
Curioso el trayecto de la formación política para las niñas: partiendo del enunciado "España, como entidad para situar a la Falange", como si España no fuera otra cosa que el ámbito de la organización fascista, pasa a la siguiente parada bajo el título "La Falange como entidad para situar a la sección femenina" y acabar ubicando, dentro de ésta, a sus juventudes. ¡Menudo itinerario nacional-patriótico! que introduce de esta manera tan surrealista: "El hombre, el caballo, la hormiga y todos los seres que existen en el mundo tienen una misión propia y característica que cumplir en él. España es también un ser y como tal sus hijos forman una Unidad de Destino en lo Universal (...) por encima de toda diferencia está siempre la misión propia que tienen que cumplir en el mundo: (...) El destino universal de España es incorporar a todos los hombres a una empresa universal de salvación". Ante semejante desvarío del enciclopedista Álvarez, sólo se me ocurre exclamar: ¡Jodo petaca!


 213

2/2/2020
¡Cuántos días sin escribir!, y es que ando de curro hasta arriba. 
Hoy es la candelaria o candelera, que de las dos maneras se dice. Uno de esos días en los que mi oficio de monaguillo me eximía de ir a la escuela porque había que ayudar en la misa y, con el velón, encender las candelas que portaban las mujeres y que, previamente, habían recogido de la entrada. Eran unas velas delgaditas, de cera de aveja entonces, claro, que tenían la base rosada y que, según el rito pagano, representaban la purificación y la fertilidad en aquellas celebraciones lupercales romanas que el cristianismo, lleno de tradiciones judías, adaptó a su ser de forma que la celebración se convierte en la purificación de la Virgen después del parto (menos mal que ahora, y mientras VOX no decida lo contrario, el parto es una cosa natural, nada impura y que se pasa con un tiempo de convalecencia); también se celebra la presentación de Jesús en el templo para cumplir la tradición judía, la fiesta de los electricistas, aprovechando que las candelas dan luz y la de las embarazadas o de las que lo pretenden, por aquello de dar a luz; aunque "dar candela" puede significar desde dar fuego a dar fuego sexual, pasando por dar una buena tunda o una buena lección.
Se celebra mucho en Tenerife la Virgen de Candelaria, coincidí una vez con el fiestorro predicando en Santa Cruz y en Francia, donde se ponen hasta arriba de crêpes en la Chandeleur, que también me ha tocado alguna vez.
Además de por las candelas, recuerdo este día por mi padre, porque era el momento en el que sabíamos, con un margen de error bastante certero, si el invierno iba a ser largo: si el 2 de febrero hacía buen tiempo (como hoy, por cierto), ya nos podíamos preparar para un invierno largo (así que no guardéis la bufanda ni los guantes, que se avecinan días de frío. Si, por el contrario, el día era malo, el invierno estaba en las últimas.
Es curioso que el día de la marmota de los USA (que también es hoy) va en la misma línea: si la marmota ve su sombra cuando despierta de su letargo, se vuelve otra vez a dormir, que la cosa va para largo, pero si no ve su sombra, va preparándose para la primavera.
Y es que la sabiduría popular, encarnada en los padres en este caso, no conoce fronteras, como no las conocen ni las marmotas ni la gente que no conoce fronteras, hay otra que las construye.


194

20/2/2020
Casi veinte días sin volver a estas memorias de aprendizaje, y es que mi trabajo me ha requerido más dedicación de la habitual o es que ya no me cunde tanto o, serán, las dos cosas. Hoy quería volver, siquiera un rato, para celebrar jueves lardero, el día del troncho, que se decía en mi pueblo, el día del palmo, que se dice por aquí, en la zona de Calatayud. Todo es cuestión de medida: el troncho es la medida en longaniza del dedo medio y, cuando éramos chicos, nos hacían estirar el dedo, ponían la ristra de longaniza sobre él y nos cortaban su medida desde el nudillo en longaniza (en realidad siempre era un corte generoso y el troncho superaba el patrón digital); lo del palmo, como es fácil de imaginar, supone la misma operación, pero con la medida de un palmo de longaniza que, aunque parece más, no lo es en realidad, pues el palmo es uno y los tronchos, varios. Me explico: el troncho se medía en casa, pero era de obligado cumplimiento (al menos para mí), pasar por casa de mi abuela Aurora, mientras vivió, por casa de mi tía Domitila, por casa de mi tía Mercedes... El caso es que, de buena mañana, uno llevaba tres o cuatro tronchos en sus alforjas con los que ir al monte, esa rica longaniza que ya estaba lista para comer después de la matacía. De pequeños, la merienda del jueves lardero se hacía en el caracol (hoy desmontado), un entramado de trincheras procedentes de la guerra civil excavado en la primera loma de esos montes blancos de yeso que inician los Monegros más duros casi al pie del Ebro; íbamos acompañados de nuestras madres a jugar al escondite entre las trincheras y, un poco más mayores, con permiso materno, nos aventurábamos en una incursión hasta el castillo (en realidad una torre de vigilancia del siglo IX que formaba parte de la avanzadilla defensiva del castillo musulmán de Alfajarín y que, pese a estar justo enfrente de Villafranca, pertenece al término municipal alfajarinense por esos caprichos de los mapas que extienden su término de monte justo hasta el barranco de la Val) en cuyo trayecto aventurábamos las más fabulosas teorías sobre un pasadizo que unía la pequeña fortaleza con el centro del pueblo, incluso había quien le ponía término en casa de la Julita. Ya más mayores, nos íbamos de mañana a surcar los montes, por el camino de farlete, a veces por arriba y, otras, por abajo, por el cauce, seco en estas fechas, del barranco de la Val; o los íbamos hasta los pinos de Rafiel o a la paridera de los Gazapos... El caso era aventurarse por el monte y zamparse el troncho (o los tronchos) después de los juegos o la caminata.




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23/2/2020
Lo mejor de llegar al seminario fue que descubrí a le Petit Pince. Nadie excepto mi madre, mi padre y me abuela Catalina me han enseñado más que ese personajillo que vivía en el asteroide B612. Este dibujo ha marcado mi vida desde entonces, hasta el punto de que lo tengo en 58 lenguas distintas por si a alguien se le ocurre olvidarlo (el párrafo lo sé pronunciar en casi todas, sobre todo en español, francés, catalá y fabla -en los demás necesitaría papel-)

Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo.
J'ai alors beaucoup réfléchi sur les aventures de la jungle et, à mon tour, j'ai réussi, avec un crayon de couleur, à tracer mon premier dessin.
Ezután sokat gondolkodtam a dzsungel kalandjain, és viszont egy színes ceruzával sikerült felismernem első rajzomat.
ਮੈਂ ਫਿਰ ਜੰਗਲ ਦੇ ਸਾਹਸਾਂ ਤੇ ਬਹੁਤ ਪ੍ਰਭਾਵ ਪਾਇਆ ਅਤੇ ਆਪਣੀ ਵਾਰੀ ਵਿੱਚ ਮੈਂ ਇੱਕ ਰੰਗੀਨ ਪੈਨਸਿਲ ਨਾਲ ਆਪਣੀ ਪਹਿਲੀ ਡਰਾਇੰਗ ਦਾ ਪਤਾ ਲਗਾਉਣ ਲਈ ਪ੍ਰਬੰਧਿਤ ਕੀਤਾ.
Refleti muito sobre as aventuras da selva e, por minha vez, consegui, com um lápis colorido, traçar meu primeiro desenho.
سپس من در ماجراهای جنگل چیزهای زیادی را منعکس کردم و به نوبه خودم موفق شدم با یک
مداد رنگی اولین نقاشی خود را ردیابی کنم.
Затем я много размышлял о приключениях в джунглях и, в свою очередь, мне удалось с помощью цветного карандаша проследить мой первый рисунок.
Egosiri m ọtụtụ ihe na ihe omume dị n'oké ọhịa ahụ, ma n'aka nke m, ejiri m pensụl nwere ike lelee ihe osise m mbụ.
Keyin men o'rmonning sarguzashtlari haqida ko'p narsalarni aks ettirdim va men o'zimning birinchi rasmimni kuzatib, rangli qalam bilan ishladim.


1 comentario:

  1. Mis abuelos, en aquellos largos veranos en el pueblo, nos daban alguna tarde para merendar pan con vino y azúcar. Riquísimo.

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