jueves, 15 de agosto de 2019

El Redford



Anoche me encontré con el Redford. Mi primer destino como maestro (ya funcionario de carrera, antes estuve en Baleares), fueron un grupo de adultos (o no tanto), yo tenía 24, ellos eran una tribu variopinta de jovenzanos (sólo dos o tres años menos que yo, algunos hasta ocho) a los que la escuela de la época había desplazado hacia el olvido. Anoche el Redford me recordó que les hablaba de libertad y de justicia y que en clase colgamos una foto de Juan Salvador Gaviota "Sueña lo que te atrevas a soñar. Ve donde quieras ir. Sé lo que quieras ser... ¡Vive!" Me dijo el Redford que esa foto y esa frase le había venido muy bien, así que la recupero. También filosofábamos con Voltaire y la libertad, pero de eso ya no se acuerda.


De Voltaire se acordaba Rosa, pequeña como un comino, pero muy lista. 

Que a un año de la jubiliación, mis alumnos y mis alumnas, ya mayores, hombres y mujeres de provecho, que decía mi padre, se acuerden de que estábamos hablando de libertad, me pone como una moto.

Entonces no me daba cuenta, pero ahora voy a tener que ir a que me den clases de vida.

miércoles, 3 de julio de 2019

Inclusión

Hace un tiempo, una madre con razones, pero no todas, me discutía en las redes acerca de quién enseña y quién educa y me respondía con una frase no exenta de razón que puede conducir a alguna sinrazón: la familia educa, la escuela enseña.

Ahora, que ha saltado a los medios la noticia del la expulsión de Inés, una niña con necesidades especiales, en un campamento de inglés, me vuelve la idea de esta madre a la cabeza y me reafirmo en mi tesis: la familia tiene la obligación de educar y la escuela tiene la obligación de educar..



Pero la obligación de educar en la escuela es ineludible cuando la educación que proporciona la familia es moralmente reprobable y en éste, y en otros muchos casos, lo es. En esta sociedad que tiende más hacia la distopía egoísta que propugna el capitalismo en vez de hacia la utopía igualitaria y fraternal que nos legó la Revolución Francesa, la escuela intenta hacer bandera de la inclusión porque la sociedad no es inclusiva, porque muchas de las familias que la componen desconfían del diferente, marginan a quien tiene capacidades diferentes e inculcan valores éticamente despreciables y democráticamente reprobables.

Cuando las familias son moralmente discapacitadas (y es la discapacidad moral la única discapacidad rechazable) y proporcionan a sus hijos e hijas una educación éticamente inaceptable, la única referencia moralmente justa e inclusiva que tienen el alumnado es la que puede proporcionarles la escuela, aunque su capacidad para imponerse sobre la mala educación familiar es escasa.

Diverbo (que, por cierto, ha cerrado su página web temporalmente, incapaz de asumir su propia vergüenza), la empresa promotora del campamento, debería perder su licencia educativa de inmediato y la familias que han provocado la expulsión con sus mensajes cruzados (cosa, por otra parte, tan común como venenosa en el ámbito educativo), llamadas a testificar en la denuncia que CERNI ha presentado ante la fiscalía para que, también allí, hagan gala de su bajeza moral más propia de nazis que de ciudadanos supestamente normales.

viernes, 8 de febrero de 2019

Mediar


No deja de asombrarme, y eso que estoy curado de espanto, la capacidad que tenemos los humanos en general y los españoles (en particular y en este caso) para dejarnos llevar, consciente o inocentemente, por el río de la manipulación.
Menuda se ha montado con lo del mediador, relator, convidado o convidada de piedra o como quiera el demonio que se le acabe llamando si es que la cosa no acaba en uno de esos abortos de los que abomina Pablo Casado.
Soy maestro con 35 años a mis espaldas, 56 años de escuela, que se dice pronto. Y en ese tiempo he aprendido que la mediación es la única solución posible, positivamente hablando, en la resolución de conflictos. En educación, mediamos los profes, media el alumnado, hay que mediar con familias, con alumnado, con docentes, con administración, con concejos y con cualquier combinación de esos n elementos tomados de n en n y, las más de las veces, el proceso soluciona los conflictos a corto o, en  casos complejos, a medio plazo. Y, en caso de fracaso, el proceso acaba siendo tan enriquecedoramente rico (como agotador) que siempre queda un aprendizaje, una vía sin cerrar del todo o, si el fracaso es estrepitosamente palmario, el recurso a otras vías tan poco empáticas como resolutivas (y generadoras de nuevos conflictos, dicho sea de paso, que la ocasión lo requiere).
Sigo siendo sindicalista, ahora más de a pie. Pero algún convenio local o alguna reivindicación profesional me ha tocado negociar. Y la clave está en la palabra, porque sin voluntad de conciliar no hay acuerdo perdurable, posible, sí, pero no perdurable.
He sido político, de pequeñas cosas, eso sí, y he comprobado que sin mediación, las organizaciones se deshacen por esa propiedad física que tienen las partículas de izquierda de chocar entre ellas y que se conoce por el nombre científico de disociación ideológica degenerativa.
Conozco hasta diez parejas que han roto su relación amistosamente porque han contado con la mediación de un letrado común que ha hecho de puente en la ruptura y muchas más que se han dejado media vida y el patrimonio en pelitear por un quítame allí esa mamandurria que diría la otra (léase Esperanza o la cólera de dios, así, en pequeñito, porque así es el dios de los liberales).
Se media en asuntos de lindes (para eso estaban los jueces de paz), de herencias, de amistades y hasta de riegos. Se medió con ETA, con los militares golpistas, con la legalización del PCE, con el otro rey para que se fuera al pedo y hasta con la rendición de Granada.
Existen espacios de conciliación donde esas ex-familias de imposible entendimiento intercambian hijos y hasta los padres de la iglesia se reúnen para saldar sus cuentas pendientes con lo divino o lo humano bajo la mediación del Espíritu Santo, esa tercera persona, no sé si del singular o del plural que, a la vista de los acontecimientos, pasa de iluminar a nadie.
Hasta el Papa Francisco se ofrece como mediador (si las dos partes lo quieren), que lo dice el ABC, esta vez sin cuestionarlo porque el Papa es inefable.
No me cansaré de decir que no pertenezco a  la fan zone de Pedro Sánchez en mi ascensor ni al club de las ministras diabéticas aceleradas, tampoco a los poetas muertos/ ministros sobrevalorados; ni me representan los demás iluminados de la izquierda ególatra y salvadora y mucho menos los esperpentos de la derecha neopatriótica y arribista, al mismo nivel que los nacionalistos de cualquier senyera. Pero no dejo de reconocer que la mediación es la mejor manera de solventar los conflictos y que otro gallo nos cantaría si habláramos más y gritáramos menos.

domingo, 30 de diciembre de 2018

El árbol de los deseos para 2019


domingo, 30 de septiembre de 2018

Ser tecnológicas o no ser tecnológicos, esa no es la cuestión

Cada cierto tiempo reaparece este debate cuando debería estar superado hace años. Es un melón permanentemente abierto que se empezó con la llegada de los primeros ordenadores a las aulas y que, dependiendo no sé si de los astros o de los intereses, llamémosles, socioculturales, sociopolíticos, mediáticos... sigue ahí.

En los últimos tiempos me ha extrañado la omnipresencia mediática de Catherine L'Ecuyer: RTVE, la SER, El País... Que no es sino una punta de lanza de un negacionismo tecnológico más extendido, natural o artificialmente, interesadamente a veces (como diré luego) y que acompaña a otros negacionismos (las vacunas, el evolucionismo..., que parece que la involución está de moda en esta supuesta modernidad de pacotilla) y a los que tenemos que enfrentarnos desde la razón práctica. El reinicio de este debate pedagógico-ideológico ha coincidido en el tiempo con el reinicio del debate político en términos parecidos, en las Cortes aragonesas, la diputada popular Ferrando propuso también esta polémica (en una puntada cuyo hilo ni es pedagógico ni de preocupación sincera, me temo) y a ese trapo entró nuestra institución autonómica creando una comisión que, espero sea coherente en contenidos y participantes. Y no es el único sitio donde se ha levantado la misma liebre, también en el gobierno de España.

Comenzaré diciendo que estoy de acuerdo con Mme. Lecuyer en muchas de sus tesis, no tanto por sesudas como por razonables (es cierto que la vida es interesante y emocionantemente asombrosa, no en vano a eso me dedico con desigual suerte: a que la vida sea un aliciente en la educación); pero continuaré diciendo que en el caso de los dispositivos (no los llamaré móviles porque son múltiples y variados) discrepo de ella y calificaría su postura parafraseando el refrán como de: "estudios vendo que para mí no tengo" (y es que siempre se ampara en estudios científicos para negar la mayor cuando lo razonable sería, como hacemos quienes educamos desde la experiencia, estar en una duda permanente que nos reconstruye cada día). Y si bien es cierto que estudios hay, y son serios y rigurosos, irreprochablemente bien construidos por método, por cada uno que demuestra los problemas que provocan los dispositivos, hay otro, igual de serio y riguroso  e irreprochablemente metódico que demuestra lo contrario. Y también igual de interesado, porque todos los estudios científicos lo son, desde el momento en el que pretenden demostrar una tesis previa, no se trata de descubrimientos, recuerdo, sino de estudios amparados en datos serios, rigurosos e interesados y métodos irreprochables.

En el debate que daba paso a las conclusiones del II Congreso de Innovación Educativa en Aragón, hubo quien se escandalizó cuando Rosa Liarte respondió a Catherine L'Ecuyer que estaba harta de estudios científicos (más o menos textual). Los escandalizados se avergonzaban de que un auditorio de docentes apoyase semejante afirmación tan poco rigurosa: confrontar la impresión con la estadística ¡Qué barbaridad! (Una vez más algún árbol les impidió ver el bosque). El caso es que estoy  con Rosa Liarte supongo que por es escepticismo que que enseñan las humanidades. Por poner un supuesto ejemplo basado en reseñas reales: Marcial, fallecido recientemente de cirrosis era, además, fan de los estudios científicos y siguió al pie de la letra algunos de ellos, que pueden encontrarse en la prensa, rigurosamente serios, según la universidad de tal o de cual:
  • La cerveza reduce el colesterol y retrasa el envejecimiento, cantidad recomendada 1 ó 2 al día.
  • El vino tinto está asociado con la longevidad, contiene hierro, sales minerales, ataca a los virus de la poliomielitis y el herpes, es antiséptico, antialérgico, reduce el riesgo de cáncer... Cantidad recomendada: 1 ó 2 copas al día.
  • El vino blanco y los cavas son ricos en tartratos y en sulfatos de potasio que actúan sobre los riñones, asegurando así una mejor eliminación de toxinas. Cantidad recomendada 1 ó 2 copas al día.
  • Según el profesor de inmunología Eduardo Muñoz, de la Universidad de Córdoba, el consumo moderado y continuado de bebidas blancas de alta graduación también tiene efectos positivos sobre el organismo.
  • Se puede afirmar que beber medio vaso de whisky al día, por ejemplo, es positivo para el organismo.
Por poner un ejemplo, cuando Montserrat Gomendio Kindelan, secretaria de estado de educación con el Ministro Wert, degolló el proyecto Escuela 2.0 afirmando que  "llenar de ordenadores las aulas no ha demostrado ser académicamente rentable" (lo de la rentabilidad académica tiene mucho de PISA y poco de Freire) y alegando que "hay estudios que confirman mejores resultados entre los alumnos que no trabajan con ordenador en clase que los que sí lo hacen", se hizo escoltar, en los días previos, por una campaña "periodística" en ABC que, día sí, día también, se hacía eco de un estudio de la CECE(1) (patronal de la enseñanza privada) en el que se negaban las bondades de la tecnología mientras sus centros, muchos de ellos elitistas, aparecían en los periódicos diciendo que sus alumnos de bachillerato iban a llevar el iPad a clase. Era obvio que ese estudio y la campaña de ABC no tenían otro objeto que dar razones al ministerio para desarticular el programa Escuela 2.0 que afectaba única y exclusivamente a la educación pública.

Un poco antes, cuando Aragón fue pionero en el programa "Pizarra digital", precursor del Escuela 2.0, el Departamento de Educación, y tras 3 años de su implantación, encargó a la Universidad Autónoma de Barcelona un estudio exhaustivo y, obviamente, igual de interesado en su encargo aunque sin consignas en los resultados (lo certifico porque lo viví como currante) en el que aparecían resultados como éstos (aclaro que mi selección es interesada, pero que ningún ítem del estudio es significativamente negativo):

ACUERDO CON EL PROGRAMA
(Sobre 5)


El alumnado, pensaba que...

Y el profesorado y equipos directivos:


Al finalizar el primer año de Pizarra digital (modelo 1 a 1), yo hice mi propio estudio interesado, muy de andar por casa, pero muy revelador: reuní a una docena de maestros y maestras del medio rural, con más de 20 años de experiencia docente en lo que entonces se llamaba el ciclo superior y les planteé una sola pregunta: ¿el uso de las tablets en el aula, mejora el aprendizaje de nuestro alumnado?. Y 12 de 12 me dieron una respuesta taxativa: Sí. Tanto consenso en educación es raro y por eso doy a mi estudio de andar por casa un gran valor. Después hicimos otras matizaciones, muchas, porque nada en el proceso educativos es blanco o negro ni siquiera es gris permanentemente, sino de muchos colores.
Mi propia experiencia, me dice lo mismo: el uso adecuado de los dispositivos (y añado lo de adecuado muy intencionadamente), es beneficioso para el aprendizaje en todas sus facetas. Podréis pensar: "claro, es que jR2.0 es un tecnófilo" y os equivocaréis. Soy tan partidario de integrar las TAC en el aula como convencido de que las humanidades en el sistema educativo han de tener un papel predominante, de que es más importante ejercitarse en la gramática parda que en la meramente lingüística, de que la palabra es la máquina más potente y de que son necesarios gigas y gigas de inclusión, por no hablar de la imprescindible fuerza del pensamiento compartido.
Y por eso mismo soy un convencido de la introducción de los dispositivos (múltiples, que no están los tiempos para rechazar lo que maneja cada niño o lo que está a disposición de cada niña) en las aulas; a mí me han dado buenos resultados y como he tenido la suerte de tocar muchos pitos en educación, doy un repaso nivelar: han sido útiles en primaria, como profe de lengua nunca he conocido una herramienta más potente de producción de textos, como profe de plástica, la pantalla es una fuente de creatividad que todavía no está suficientemente explorada en la escuela (hablo de estas dos áreas y no de otras porque de las dos tengo publicados recopilaciones competenciales para trabajar con alumnado). Me han sido muy útiles en secundaria y han sido mi mejor aliado como profe de sociales, pues la mejor manera de conocer el medio geográfico e histórico es estudiarlo sobre el terreno (que no en un libro de texto) y los dispositivos son las mejores herramientas para la investigación, la toma de información, la gestión y el análisis de lo investigado y la publicación de conclusiones (y también tengo trabajos competenciales publicados). Los dispositivos me han resultado imprescindibles en la motivación del alumnado de formación profesional inicial y en el proceso de educación permanente de las personas adultas. Es lo que yo conozco y de eso hablo.
Mi experiencia me dice que los dispositivos han sido, están siendo, unos acompañantes eficaces de la innovación educativa. Que sirven para cooperar mucho más de lo que se cooperaría con las fichas, las hojas de actividades de los libros de texto y con los cuadernos Rubio; que, en este sentido, están ayudando a volver a cambiar la fisionomía de las aulas porque cada vez veo más agrupaciones alrededor de una pantalla que sustituyen a las mesas en fila india y bien separadas por pasillos. 
Los dispositivos son una vía de inclusión: ayudan a equilibrar la diversidad, la funcional, la cultural, la de género y son un medio de compensación social. Decía Myriam Nemirowsky, una de las grandes formadoras en materia de lectura y escritura desde una perspectiva constructivista (y la cito más o menos de memoria) que los dispositivos son un medio de compensación social, que si están en las casas (o en la vida) deben estar en las aulas, pero que si no están en las casas, con más razón, tienen que estar en las aulas, para evitar esa brecha digital que se produce por razones socio-económicas y que, tal vez, sólo tal vez, sea la intención oculta de los negacionistas tecnófobos que predican su negación apoyados en la presentación que se proyecta desde un MAC. Otra pionera de la lecto-escritura constructivista, Emilia Ferreirro hablabla de la misse en page de un texto, y uno hay mejor forma de hacerla que desde una pantalla, porque un texto comprendido es un texto bien estructurado en la página, con sus negritas, subrayados y cursivas, su listas numeradas y con viñetas, sus ilustraciones y pies, sus notas...
Y es cierto, todo lo que está en la vida tiene que estar en el aula y, en el caso de las TAC, no sólo como herramienta, sino como materia de estudio, porque si queremos mantener la democracia, la democracia tiene que estar en las aulas y la futura ciudadanía democrática va a ser una ciudadanía digital a la que hay que educar en lo digital porque va a estar más expuesta a la postverdad y al engaño que cualquiera de sus antepasados y porque en tiempos de postverdad y engaño, no hay nada mejor para combatirlas que lo que yo denomino el humanismo tecnológico. Difícilmente se podrán tomar medidas de convivencia en una sociedad virtual donde las redes sociales son el mecanismo preponderante de opinión sin iniciativas pedagógicas que eduquen en el buen uso de los dispositivos, sin ellas no serían posibles buenas prácticas como los ciberayudantes o el MIGO-TIGO, del IES Martínez Vargas de Barbastro, por citar sólo la última que he conocido. No nos engañemos, el mal uso de los dispositivos se dará estén o no estén en el aula, pero sólo desde el aula son capaces de surgir estas y otras medidas educativas y protectoras que son las que, realmente, pueden proporcionar la adecuada protección al alumnado, desde la reflexión y la implicación del propio alumnado.
Para ir acabando, diré que la tecnología en las aulas es necesaria y que el uso adecuado de los dispositivos es imprescindible, y matizaré que es necesaria cuando es necesaria e imprescindible cuando es imprescindible. Y lo que parece una perogrullada no lo es tanto: en la escuela hay que escribir (en la pantalla y en el cuaderno) porque la escritura es la manifestación del pensamiento, no porque haya que trabajar la caligrafía; en la escuela hay que leer (en la pantalla y en el libro) porque la lectura es una herramienta de conocimiento y porque comprender los mensajes de forma reflexiva es una manera de enfrentarse a la falsedad y de crear criterio propio. Y hay que leer en pantalla porque es el medio a través del cual recibimos más información en la sociedad actual y porque leer en pantalla tiene un mecanismo distinto a la lectura textual en papel. Lo que algunos expertos llaman dispersión tiene otro nombre que complementa a la lectura textual y consecutiva en papel (una página tras otra): la hipertextualidad, el multimedia y la multidireccionalidad, que no es dispersión sino un mecanismo cerebral, porque nuestro cerebro es multidireccional, hipertextual y multimedia, igual que los dispositivos.
Y también digo que es preciso aplicar el sentido común pedagógico y que habrá que utilizar el papel cuando sea necesario, el juego cuando sea necesario, la reflexión cuando sea necesaria... y los dispositivos cuando sean necesarios, entendiendo por necesidad esa valoración del docente y del grupo de que eso va a aportar un valor añadido a lo que hacemos, que el aprendizaje va a ser más rico y la experiencia más motivadora y, por lo tanto, más integradora. Y la tecnología nos sirve también para respetar los estilos de aprendizaje y la maduración de cada miembro del grupo porque proporciona múltiples herramientas diferentes para crear productos finales diferentes y adaptados a la inteligencia predominante en cada caso o a la que más nos interese desarrollar.
Es, en fin, una multiherramienta para un trabajo que respeta las cien maneras (o miles) de ponerse un sombrero que supone el hecho educativo, ese proceso endiabladamente sencillo donde cada grupo está constituido por individuos diversos que lo son incluso en si mismos y en distintos momentos; la pedagogía del sentido común va por todos esos caminos.

(1)El Informe sobre Tecnología Educativa 2011 del Instituto de técnicas educativas de CECE ya no se encuentra en la red, pese a que sirvió de argumento en los recortes en integración de las TAC para el ministerio de Wert.