sábado, 20 de agosto de 2011

Museuminsel

En varias entradas del blog me he referido a alguno de los museos que forman Museumsinsel (la isla de los museos) así que habrá que hablar del conjunto y sus peculiaridades.

Diré, en primer lugar, que la colección que albergan vale, por si sola, un viaje a Berlín y en segundo lugar que, quien no tenga prisa por hacerlo y quiera disfrutar de una visita que se promete todavía más interesante que la actual, espere a 2015, cuando el plan maestro que se está desarrollando esté concluido, el paseo arqueológico que proporcionará unidad a cuatro de los cinco edificios sea una realidad y andamios, vallas, casetas y otros impedimentos sean sustituidos por un criterio que ahora no existe.


El conjunto albergaba las colecciones prusianas de arte y arqueología y sufrió los efectos colaterales (que diríamos ahora si Alemania fuera un país africano, por ejemplo) de la II Guerra Mundial: alguno de sus edificios fue muy dañado y las colecciones se dispersaron tras la ocupación de Berlín para volver a reunirse tras la reunficación alemana. Sirva esta pequeña explicación como descargo, que no justificación, de lo que diré ahora.

Si uno intenta visitar virtualmente cualquiera de los museos, encontrará que el inefable google lo lleva a la página de Stiftung Preußischer Kulturbesitz (algo así como la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, nombre que está muy bien si no fuese porque lo que ese patrimonio cultural tiene de prusiano es la nacionalidad de sus arqueólogos que fueron descubriendo (y expoliando) hallazgo por distintas partes del mundo (ojo, igual que hicieron los británicos para almacenarlo en esa especie de trastero desordenado que es el British Museum o los franceses o en menor medida los españoles -no por que seamos la madre Teresa de Calcuta, sino porque nos interesaba más el oro americano que el arte Azteca, por ejemplo-). La web en cuestión (Staatliche Museen zu Berlin) es fea, poco amigable y nada moderna, poco que ver con la de otros museos (no sin menos expolio) como el Louvre. Curiosamente, el único que tiene una web propia (aparentemente) es el Neues museum, el más restaurado, pero pasada la fachada, los enlaces vuelven a remitir a la Staatliche Museen zu BerlinEs cierto que las colecciones están en reestructuración, esta provisionalidad no tendría que afectar a una web en la que es mejor no dar todo por bueno y es preferible dejarse sorprender por la visita real (algo poco compatible con la eficacia alemana y la supuesta modernidad berlinesa -a lo peor oficialidad y modernidad están reñidas-).




Amén de las sorpresas artísticas y arqueológicas, hay otras que nos esperan, como la diferencia de criterio en la admisión de los cinco museos, pese a pertenecer a una misma fundación y ser, en realidad, la misma cosa. La normal es visitarlos con alguna de las tarjetas que permiten el recorrido conjunto, bien la Berlín welcome card de tres días (que yo usé pues facilita el transporte) o la Museumpass. Primero entré en el Altes Museum, con una magnífica colección de arte griego (la web dice que todavía no está visitable, pero no hagáis caso, yo la vi), etrusco y romano y tuve que pasar por taquilla para, previa presentación de mi tarjeta, obtener la entrada correspondiente. Después visité el Pergamon Museum (edificio contenedor de otros edificios como el altar de Zeus, la Puerta de Istar o el mercado de Mileto, además de la estela de Hammurabi y una colección de arte islámico). Tras media hora larga para obtener mi entrada, resultó que no era necesario pasar por taquilla y el acceso era libre con la tarjeta. Lo mismo me ocurrió en el Bode museum donde, por cierto, no había casi nadie admirando las excelentes muestras de arte bizantino, las esculturas a partir de la Edad Media, numismática... -solo el propio edificio merece una visita-).


Mi siguiente visita fue al Neues Museum, allí la tarjeta no vale como pase y, como ya he contado en otra entrada, hube de sufrir la cola más insufrible que recuerdo para contemplar a Nefertiti y sus colegas dentro de  un estupendo museo con un cierto caos expositivo que para nada concuerda con el tópico alemán (una cosa tras otra, entiendo, y eso que éste sí está organizado más o menos definitivamente).


Hay más sorpresas: Llegar a la cafetería del Bode, que no está al final sino en medio y da paso, a derecha y a izquierda a salas cerradas con puertas aparentemente inaccesibles (hay gente que se toma el café y se marcha sin ver las colecciones de pintura). Tener calor, quitarte la chaqueta y ver a un guarda indicándote que tienes que desandar todo lo andado para llegar al guardarropa porque no se puede llevar la prenda en la mano. Ver pasar el tren entre el estrecho pasillo que separa el Bode del Pégamon (supongo que el plan director lo resolverá)... Pero no sólo ocurren cosas raras en Museumsinsel; a la entrada de la ciudadela de Spandau hay dos tipos: si entras por la izquierda cobran por ver la torre, si lo haces por la izquierda, cobran no visitar la torre (o algo parecido).



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